viernes, 4 de noviembre de 2016

16. Si hubiera despertado Isabel aquella noche en la cama...




-¿Qué edad tenía tu amiga? -preguntó Susi a India desde el otro lado del inmenso océano.
-Unos 19 o 20. Teníamos casi los mismos años.
-Y, ¿cómo sabías que a ella le gustaban las chicas?
-Porque me lo dijo.
-¿Cómo era? Su cuerpo por afuera y su cabeza por dentro.
-Era muy delgada, cabello castaño claro, blanca, ojos grandes, muy inteligente y con un oído absoluto.
-¿Un oído absoluto?
-Sí. Es un don con el que no todas nacemos. Identificas las notas musicales solo con escucharlas. 

Era honesta y trabajadora. También muy pobre y, además, huérfana.
-Aún sabiendo que era lesbiana, ¿dormías con ella?
-Sí. Era mi mejor amiga en aquellos momentos. La quería mucho.
-Inteligente, huérfana, pobre y con extraordinario oído. Casi nada. ¿Porqué la querías? -preguntó Susi.
-Porque ella era incondicional conmigo. Una persona íntegra.
-Pero no la quisiste probar. Igual que a mí, te gustan más los nabos.
-¿Cuáles nabos? -interrogó India.
-La polla de los hombres. No te vayas a reir. Hablo en serio.
-Está bien, no me reiré... ¡jajaja!
-¿Cómo se llamaba?
-Isabel.
-¿Por dónde anda ahora?
-Regresó a Chile con su novia. Las dos eran de allá.
-¿Conociste a su amiga?
-Sí.

-Le perdiste la pista.
-No. Aunque Isabel se había ido de la isla donde estudiábamos, siempre nos mantuvimos en contacto.
-Se fueron porque en Venezuela la sociedad no veía bien esas cosas, y menos de aquella, ¿verdad, India?
-Así fue, Susi.
-Cometiste un gran error esa noche cuando te atreviste a acariciar uno de sus senos.
-Eso nadie lo puede decir. ¿Cuál error?
-No seguir acariciándola hasta que despertara. Descubrirías cómo es el amor de una mujer.
-Me dio mucho miedo, pero tal vez tengas razón. 

Yo tenía la regla. Fue tan fuerte la reacción a esa caricia que me dio un derrame y al día siguiente tuve que ir al médico. Por eso creo que sentí repulsión, rechazo, una sensación agridulce y muy extraña.
-¿De qué tenías miedo?
-No lo sé. Debía ser la camisa de fuerza que todos tenemos apretándonos las ideas en la cabeza.
-Ibas a descubrir cómo ama una mujer pobre, huérfana, inteligente y con el oído absoluto que has dicho.
¿Hablaste con ella?
-No, Susi, nunca le dije nada. Ni se enteró de lo sucedido.
-¿Le gustabas a Isabel?
-¿Yo? No. Nunca me dijo nada. Ni siquiera lo sospeché. Menudas cosas tienes.
-¿Por qué dormíais juntas en la isla?
-Susi, esto parece un interrogatorio. Porque ella se quedaba a estudiar conmigo donde yo vivía. No podía pagar el alquiler.
-Dijiste en una isla.
-Claro, mujer, en Perlas. Yo vivía en una habitación del apartamento de otra amiga.
-¿Y solo había una cama?
-Solo.
-¿Te hubiera amado si se hubiera despertado aquella noche?
-¡Y yo qué sé! Tal vez. Yo estaba probando a ver qué pasaba.
-El sentir es cosa de dos. Y tenías que hacerlo mirándole a los ojos, India.
-Pero sentí eso que te conté. Se me aceleró el corazón, me dio miedo.
-¡Qué bueno!
-¿Bueno por qué?
-Porque estabas viva, como un animal en el medio de la selva o la sabana, llena de vida. Descargaste adrenalina.
-Si, seguramente. Y mucha hormona. Debió ser muy fuerte porque tuve un descontrol que me provocó un gran derrame.
-Adrenalina para poder enfrentarte a lo que te ocurriría si ella hubiera abierto los ojos. 
Yo siempre he tenido miedo a tener un orgasmo con una mujer en la cama.
-¿Tú, Susi?
-Sí. Pero tú fuiste mucho más allá. Te atreviste a explorar. Quizás porque eras más inconformista, rebelde y brava que todas tus hermanas.
-Si tú lo dices...
-Yo nunca he tenido la oportunidad de rozarle a una mujer un pecho con los labios o los dedos. Y mucho menos a una mujer que sé a ciencia cierta que le gustan los senos.
-Recuerda que fue pura casualidad, Isabel dormía desnuda.
-¿Casualidad que durmiera desnuda?
-Hacía calor en la isla, no había aire acondicionado, ella era muy dada a desnudarse delante de sus amigas. Nos teníamos confianza.
-¿Sus senos eran bellos?
-Eran muy pequeños. Pero podría decirse que sí -contestó India.
-Pequeños y bellos -repitió Susi.
-Si, duros y muy tiesos. Parecidos a dos limones de piel poco rugosa y muy fina.
-¿Y sus caderas?
-Angostas, era muy delgada. Siempre vestía con ropa de hombre.
-¿Y no te daba cosa verla desnuda sabiendo que era lesbiana y que dormía en tu cama?
-No, Susi, no.
-¿Tú también andabas despelotada por la casa?
-No. Yo era más moderada y cristiana, ¡jajaja! Nunca andaba a escape libre por mucho calor y humedad que hubiera.
-¿Piensas que Isabel te estaba provocando?
-No lo creo. Ella me respetaba.
-Yo nunca he dormido con otra mujer en una cama, exceptuando a mi mamá y a mi hermana. Y por supuesto que me moriría de miedo sabiendo que ella fuera lesbiana. 

En fin, fue una pena que no despertara Isabel y que te coincidiera la regla. ¡Qué pena!
-Si.
-Eso desvirtuó en parte los hechos.
-Es posible. Pero no me sentía "sucia" como muchas mujeres. Todo lo contrario. Para mí la regla es algo muy femenino, lo mismo que para un hombre sería una muestra de virilidad, una "roja eyaculación" sin la cual no hay gestación, afortunadamente, en mi caso, nada dolorosa.
-Pero estabas incómoda. ¿Ella sabía que la tenías?
-Si. Sabía que tenía la regla.
-¿Cómo la controlabas aquella noche? ¿Con un tampón, un paño o una compresa?
-Con una compresa. Aquí, toalla sanitaria.
-Para mí fue un gran misterio el período de mi madre cuando yo era pequeña y, posteriormente, mi primera menstruación. Nunca me dijeron nada sobre la cuestión hasta que llegó el momento. Hoy sigue siendo un tema tabú.
-¿Un gran misterio?
-No lo entendía. Me parecía que mamá estaba herida y no curaba de aquello nunca porque periódicamente se repetía. Y eso que intentaba ocultar los paños.
-Cuando yo tuve mi primera regla me encerré a llorar en el baño porque creía que me estaba muriendo.
-¡Jajaja! ¿Tampoco te lo explicó antes tu mamá?
-No.
-Te seguiré contando, que me estoy escapando por las ramas. Siempre he tenido miedo a que me gustara estar con otra mujer. El mismo miedo que tú sentiste aquella noche. ¿Sabes por qué sentimos ese miedo?
-¿Por qué?
-Porque tenemos pánico a que nos guste lo prohibido y, después, tener que llevarlo a la práctica, y tener que ocultarlo, u ondearlo abiertamente en la sociedad.
-¡Ah! Ya entiendo.
-Si hubiera despertado Isabel cuando, explorando, le tocaste un seno, es muy probable que no estuvieras ahora hablando conmigo. Ni que hubieras intentado suicidarte.
-¡Ah! Eso eso sí es cierto.
-Si hubiera despertado Isabel, te hubiera calmado y tranquilizado, y no te hubiera hecho daño. Todo lo contrario. Te hubiera hablado y preguntado cosas, respetándote, igual que una hermana o una madre. Si era inteligente y te quería, como bien dices, tendría mucho tacto. Antepondría las palabras a los besos y las caricias.
-Seguramente hubiera sido así. Pero quién sabe si habría aceptado mi propuesta tal como la planteé.
-No hiciste ninguna propuesta.
-Estaba implícita, Susi.
-Sí. Tienes razón. Por eso, India, me da pena que Isabel no despertara.
-Así es la vida.
-A mí me hubiera gustado que despertara... si estuviera en tu lugar.
-¿Por qué?
-Porque tendría la oportunidad de experimentar algo nuevo e, incluso, superior al amor que me puede dar un hombre. Podrían haberse dado dos situaciones. Que abriera los ojos, o que no. En este último caso, me abrazaría muy fuerte. Abrir los ojos es, quizás, mucho más bello habiendo suficiente luz en la habitación.
-La había, Susi, la había.
-Entonces fijo que os miraríais sin parpadear. Y eso te relajaría, teniendo en cuenta tu estado fisiológico. 
Tu vida hubiera cambiado a partir de aquel momento. Eso tenlo por seguro. Y creo que para bien.
-Sí, de eso no me cabe la menor duda. En la vida solo me han ocurrido cosas malas, por lo menos en los últimos años.
-Hace mucho le pregunté a una lesbiana si ella se corría cuando estaba con otra mujer.
-¿Y qué te dijo?
-Le hizo mucha gracia. Vino a decirme que yo tenía un concepto del sexo demasiado cuadriculado, producto de la presión de la sociedad. Me contestó que le resultaba mucho más fácil que con un hombre.
-Lógico. Era lesbiana, ¡jajaja!
-¡Jajaja! Buena respuesta. Pero a mí, como mujer, me extrañó mucho. Me extrañó mucho que una mujer pasara de algo tan innato y natural como lo es ser penetrada por el macho.
-Claro, yo también puedo verlo de esa manera porque nunca he estado con otra mujer. Pero el amor de pareja es muy complejo, bueno, todas las relaciones entre las personas, y por tanto no se trata solo de penetrar y ser penetrada.
-Tú lo has dicho, el amor de pareja. Pareja no tiene porqué significar hombre-mujer, o mujer-hombre.
-¿Algún día podremos simular, tú y yo, qué habría pasado si Isabel hubiera despertado?
-Menudas cosas tienes, Susi. Eso es del todo imposible. Creo que no me gustan las mujeres y debo reconocer que no hay nada como la metralleta de Perico, ¡jajaja!, la de mi ex, de quien ya hablamos en otro interrogatorio sexual que me hiciste atada a una silla, ¡jajaja!


martes, 1 de noviembre de 2016

15. India consigue que Franco se implique en la aventura


India había conocido a Franco hacía muchos años cuando estuvo hospedada en una de las habitaciones para miembros del Centro Universitario de Investigaciones Científicas de la Isla Perlas, en Venezuela.
Franco estaba coordinando a un grupo de ornitólogos que pretendían determinar el grado de extinción en que se encontraba el loro cabeza amarilla, endémico de la isla.
Enseguida se hicieron buenos amigos por su afición a la ciencia, y Franco le regaló una guía para identificar aves venezolanas. Fue así como India le dio uso a los binoculares que también su padre le había regalado años antes. Con ellos y la preciosa guía recorrió en sus ratos libres todos los rincones de Perlas junto a Franco y aprendió a identificar muchas aves. Y se enamoraron.

Finalizados los trabajos de investigación, India y Franco se separaron y tomaron diferentes caminos, aunque siempre se mantuvieron en contacto.
El día que Susi soñó con la reencarnación de Isidoro en loro catarú, India llamó por teléfono al prestigioso ornitólogo y concertaron una reunión para hablar sobre el asunto.
-¡Hola Franco! ¿Estás dispuesto a emprender un nuevo proyecto? - le preguntó India al encontrarse con él.
-¡Hola India! Un gran placer volver a verte de nuevo después de tanto tiempo. La verdad es que ahora que estoy jubilado tengo más tiempo libre. Tú me dirás de qué se trata.
-Ya te he hablado de Catarú y de la posibilidad de que mi bisabuelo Isidoro se haya reencarnado en él. ¿Tú crees que eso puede ser posible? -le preguntó India.
-Yo, como científico, no debería creer en esas cosas, pero hay ocasiones en las que la ciencia no tiene explicación para ciertos fenómenos, por lo que sí lo veo posible.
-Entonces, en dado caso de que el espíritu de mi bisabuelo Isidoro haya reencarnado en loro catarú, ¿tú crees que toda su memoria, sus vivencias o intenciones estarán en su cerebro? -quiso saber India.
-Lo más probable es que así sea. Catarú es un ave muy especial. Entre los loros que existen y existieron en el mundo es el más inteligente y con más capacidades de aprendizaje -le respondió Franco-. Pero, al estar extinto,  solo tenemos posibilidades de avistarlo donde fue endémico, específicamente en las riberas del Alto Orinoco, selva adentro. Eso si  no lo han matado o apresado para entretenerse con él en las fiestas, las ferias o los circos.
-¿Pero quiénes lo llevaron a la extinción? -India quería que Franco le explicara.
-Primero que nada estaban los traficantes ilegales o cazadores furtivos de animales que los buscaban vivos para venderlos a dueños de circos por sus dotes parlanchinas y su gran inteligencia. Y luego estaban los taxidermistas que los atrapaban para negociarlos a grandes y acaudalados coleccionistas, quienes pagaban una fortuna por tan rara especie de loro de aquella ya casi extinta -le explicó el ornitólogo.
Franco también le dijo a India que llevaba muchos años estudiando todos los documentos e imágenes existentes en los archivos que se referían al loro catarú y que había logrado ubicar el lugar exacto donde existió la única colonia del mundo. Además, Franco tenía muy buena mano con los baquianos indígenas yanomami, ya que el ornitólogo siempre fue respetuoso con sus costumbres y los espacios naturales en los que se movían.
-¿Será posible que Catarú haya volado desde las cercanías del río Mastranto donde murió Isidoro hasta esconderse en el Alto Orinoco, donde vivieron sus congéneres? -preguntó India muy acuciosa.
-Sí -le señaló Franco-. Pueden volar muchos kilómetros sin casi pararse a consumir alimentos usando la energía que acumulan en su cuerpo en forma de grasa. Y, lo más importante, localizar con mucha exactitud el lugar exacto del nido donde salieron de los huevos. Algo parecido al comportamiento que tienen los salmones, aunque de eso tú sabes más que yo -dijo Franco.
-Y de ser así, que encontremos a Catarú, ¿podré hacer que hable conmigo?
-Claro que sí. ¿Me quieres contar cuál es tu afán por encontrar a ese loro?
-Buena pregunta, Franco. Resulta que mientras investigaba mi árbol genealógico en Sinare, en los llanos venezolanos, mi abuela María Aurora, la mamá de mi madre, me contó sobre la existencia de un tesoro de morocotas que mi bisabuelo Isidoro enterró en un lugar de la Hacienda Los Naranjos, de su propiedad. Mi abuela tuvo una revelación en sueños en la que su papá le contaba el lugar del entierro, y queremos -mi amiga Susi y yo- desenterrar el tesoro, previa confirmación de la información por parte de Catarú. Con tu ayuda, por supuesto. Y con la condición de que repartamos el tesoro entre los tres a partes iguales -le confesó India a Franco.
-¿Pero qué tiene que ver Catarú en toda esta historia? -quiso saber Franco.
-Pues que resulta más fácil ubicar y hablar con Isidoro reencarnado en loro catarú para que nos confirme la información sobre la ubicación exacta del tesoro, que entrar a hurtadillas a la hacienda que le fue usurpada a mi abuela y adonde no seremos bien recibidos.
-¡Ah!, ya entiendo -dijo Franco más tranquilo-. Está bien, las acompañaré, solo por ayudarlas, no me interesa lo del tesoro.
-¿Cómo que no? Debes aceptar tu parte como condición para que los espíritus nos permitan desenterrarlo. -le explicó India.
-De acuerdo. Pero lo haré solo porque existe esa condición.
Finalmente quedaron en que el viaje lo realizarían una vez Susi llegara de España. Franco contactaría a los baquianos e India se encargaría del transporte, el alojamiento y la comida. Partirían desde Santa Ana en una camioneta hasta Puerto Ayacucho, donde abordarían una avioneta hasta La Esperanza, y de allí seguirían en lancha hasta el sitio donde existió la colonia catarú.
India estaba muy emocionada de que Franco hubiera aceptado el trato y, en cuanto pudo, se lo confirmó a Susi para que hiciera los preparativos del viaje e iniciar la búsqueda.

jueves, 20 de octubre de 2016

14. Isidoro se reencarnó en un loro

-Ayer tuve un sueño -le contó Susi a India muy entusiasmada.
-¿Con qué soñaste? -le inquirió India.
-No vayas a creer que soñé dónde estaba el tesoro, no; ya quisiera yo. Lo que vi fue una cosa verdaderamente extraña. Observé de forma muy clara y nítida cómo tu bisabuelo se reencarnaba en un loro.
¿Hace cuánto murió tu bisabuelo? -preguntó Susi.
-Teniendo en cuenta que mi abuela María Aurora tendría hoy 102 años si viviera, y que mi bisabuela emigró cuando mi mamá contaba con siete años, calculo que hace unos 75 años aproximadamente.
-¿Los loros viven mucho tiempo? -preguntó Susi.
-Depende de la especie. En general son muy longevos. El loro gris africano (Psittacus erithacus), también llamado yaco, puede llegar incluso a los 100 años. Pero tú no viste un ave perteneciente a esa familia volando y escapando con el alma de Isidoro, ¿verdad? El yaco tiene el pico negro y la cola roja.

-Lo recuerdo perfectamente, y no era gris, sino multicolor, de tamaño mediano, no tan grande como un guacamayo, aunque sí tan hermoso -dijo Susi.
-Dentro de unas horas, todo mi cuerpo estará frío, menos el centro del cogollo, allí justamente donde a veces sentimos que anida el alma. Loro catarú, llévatela con tus alas antes de que campe a sus anchas el crudo inverno por todo mi cuerpo -así le habló Isidoro al ave, en clave, momentos antes de morir, sin que nadie de los presentes se diera cuenta.
-¿Viste cómo mi bisabuelo Isidoro pasaba de ser humano a loro catarú transfiriendo su alma en la cabecera de la cama? ¡Menudo pájaro! ¡Quería vivir otros 85 años, como mínimo -dijo India.
-Los loros no son pájaros -contestó Susi.
-Lo sé. ¿Puedes asesugurar que mi bisabuelo le llamó "loro catarú" al ave en tu sueño? -preguntó India.
-Esas palabras pronunció antes de donarle el alma. ¿Conoces la especie? -interrogó Susi.
-No, pero tengo un amigo que sí -respondió India-. Se llama Franco y es ornitólogo. Por cierto, ¿para qué queremos saber tantas cosas de esa cotorra?
-No le llames así. El loro Catarú no es una cotorra, ni  un guacamayo, ni una cacatúa, ni un lori, o una amazona; aunque todas esas aves pertenecen a la misma familia.
El loro catarú puede sernos de gran utilidad. Yo creo que resultará más fácil y menos peligroso buscar a Catarú para averiguar dónde está el tesoro. Te lo digo por los perdigones que podemos recibir en el trasero si nos pescan hurgando en la tierra del usurpador para encontrar las morocotas de oro.
-¿Tú crees sinceramente que es mejor buscar a Catarú que escarbar en  las raíces de los limoneros de la hacienda? -preguntó India. ¿Y qué hacemos cuando encontremos a Catarú?
-Si tu abuelo se ha reencarnado en él, ese fue mi sueño, querrá hablar contigo y te dirá cómo encontrar el tesoro.
-Pues entonces manos a la obra -dijo India entusiasmada-.Ya te he dicho que tengo un amigo muy cercano que me enseñó a identificar aves.
-¿También especies raras de humanos reencarnados en loros? -le preguntó Susi.
-No, pero loros sí. Cuando lo conocí justamente estaba trabajando con ese tipo de aves. Podemos invitarlo a buscar a Catarú.
-Pero no le podemos decir para qué lo buscamos -agregó Susi.
-Es necesario que le contemos toda la historia porque ya te he dicho que debemos repartir las morocotas entre todos. Recuerda que esa es una de las condiciones para que los espíritus nos dejen desenterrarlas.
-¡Déjate de pamplinas! ¡ La pasta es la pasta! -le refunfuñó Susi a India algo molesta-. ¿No te das cuenta que así seremos tres a repartir? ¿No es más económico consultar la wikipedia?
-Espera. Deja que revise a ver qué consigo -le dijo India. 

Tras media hora de consulta, India volvió a hablar con Susi.
-Necesitamos llamar a Franco, mi amigo ornitólogo, porque no hay información sobre el loro catarú en la web, y nosotras no sabemos nada de aves. Él es el experto -insistió India.
-Yo no he encontrado nada. Google es muy deficiente. Lo único que he visto es que el loro catarina, también un ave perteneciente a la familia de las psitácidas, tiene la misma raíz que el nuestro -dijo Susi.
-El único que puede saber si el loro catarú existe es Franco -insistió India.

-¿Puedes llamarlo ahora? -preguntó Susi.
-Sí. Lo llamaré. Espera.
-No le des muchas explicaciones  a Franco sobre Catarú.
-Está bien -contestó India.
Luego de unos quince minutos de espera, ya Susi se estaba impacientando cuando le escribió de nuevo India.
-Dijo que sí existe -comentó India.

El loro Catarú que estamos buscando es un macho más grande que el  loro catarina y, probablemente, poco parecido a esa especie endémica de México. Más grande, inteligente y capaz de asociar fácilmente las cosas con su nombre. Solo vivió en una zona del Alto Orinoco. Pero acabaron pronto con él, ya que generaba mucho beneficio en las fiestas, las ferias y los circos. Era capaz de pedir alimentos, contar objetos, reconocer formas y colores... todo ello con muy poco adiestramiento. Y eso fue lo que lo llevó a la extinción en aquel momento. Si es cierto que Isidoro se ha reencarnado en ese tipo de loro, me dijo Franco que no tardarían mucho en dar con él los traficantes de animales o los taxidermistas.
-Dile, pues, que mantenga todo esto en secreto -recomendó Susi por el bien del loro y del tesoro.

jueves, 13 de octubre de 2016

13. Lluvia, zancudos y cortes de luz


Aquella tarde, como otras muchas, se volvió a cortar la energía eléctrica en la casa de India. O se debería decir que alguien la había secuestrado. Alguien de la empresa estatal. Porque el suministro es un monopolio del Estado, como ya casi todo. O tal vez se debía la avería a alguna eventualidad por la lluvia que estaba cayendo. O igual era por omisión. Se debería hacer mantenimiento de las líneas del tendido eléctrico y podar los árboles que crecen enredados en él, pero no se hace, y con cualquier viento fuerte hay fallas.
Todo eso sin contar que en verano, cuando hay sequía, también hay racionamiento eléctrico en todo el país. Este año han sido cuatro horas diarias. A India, como vive cerca del hospital y de la residencia del gobernador, no se la cortan. Tiene suerte.
No se sabe cuánto durará la interrupción. Paciencia. Mucha paciencia con el calor y los zancudos.
Hace unos cuatro meses le dio a India la virosis del zika, que la transmite un mosquito, y si se complica puede ser letal. La mujer fue llevando la enfermedad como pudo, pero un amigo suyo murió de eso hace poco.
Venezuela está en ruinas. La han dejado así las corruptelas del gobierno y su ineficacia. No hay químicos para los planes de fumigación que se hacían antes, ni de prevención de proliferación de los transmisores de chikungunya, zika y dengue; los zancudos. Se ha retrocedido en materia epidemiológica. Ni siquiera hay vacunas para los bebés recién nacidos. Han reaparecido enfermedades ya erradicadas como la malaria o la difteria. Y las instituciones públicas no emiten sus informes para tratar de esconder la realidad.
Ya paró de llover. Es posible que repongan el servicio pronto.
Poco se puede hacer sin electricidad y con lluvia. Muy poco. Sentarse bajo techo en el balcón a fresquear y a matar zancudos. La ciudad se paraliza, y si el apagón es general, el país completo queda casi muerto. Todo queda obstaculizado, desde el tránsito, hasta las tiendas, los bancos, los hospitales, todo. E incluso causa muertes.
El gobierno le echa la culpa al fenómeno metereológico de La Niña o El Niño que causa sequías y merman la capacidad de generación eléctrica del principal embalse del país, el Gury. Con tanto dinero que ha entrado a las arcas del tesoro nacional no han sido capaces de buscar alternativas. Difícil de creer. Es demasiada la corrupción y la ineptitud. Antes hasta se exportaba electricidad a países vecinos.
Durante los cortes de energía, hay que desconectar todos los aparatos eléctricos porque cuando reponen el suministro a veces llega con alto voltaje y se quema todo. Y no hay a quién reclamar.
También se producen cortes programados. Son de cuatro horas, van por zonas y varían de horario, pudiendo tocar desde las doce de la medianoche hasta las cuatro de la madrugada. La pobre gente tiene que desconectar y conectar los aparatos a esa hora sin poder dormir tranquila.
Así se vive en Venezuela. La población está agobiada, cansada y desmoralizada.
Hace unos dos o tres años,  cuando la gente salió a las calles a protestar, el gobierno reprimió fuertemente las manifestaciones, violaron los derechos humanos de personas inocentes, hubo muertos, detenciones ilegales, y para no ser inculpados por delitos de lesa humanidad, crearon bandas con civiles, los llamados "colectivos armados", que hicieron y todavía hacen el trabajo sucio de represión. Si estás tranquilamente en una calle con miles de personas manifestando, llegan los colectivos disparando a mansalva y los órganos de seguridad del Estado no hacen nada para evitarlo. Actúan con total impunidad. Todavía hay muchos jóvenes detenidos ilegalmente sin  haber cometido ningún delito, con procesos judiciales amañados, que llevan años encarcelados.
Y, así y todo, la gente ha salido a manifestarse hace poco a la calle en Caracas, pero las protestas han mermado mucho.
Visto desde afuera, pareciera que el venezolano es conformista; no hay comida y no protesta, no hay medicinas y se conforma, hay problemas por todas partes y la gente no se moviliza por sus derechos; pero no es tan sencillo. La represión es muy fuerte, la violación de los derechos humanos se ha institucionalizado y se han perfeccionado sus mecanismos. Es una lucha muy desigual. Quienes están gobernando actúan al margen de la ley y se apoyan en la delincuencia común.
En Venezuela se tiene tanto miedo a los policías como a los ladrones y asesinos. Son los mismos.
En esta sociedad se ha roto el contrato social. Está deshecha y pasarán años para que la situación mejore después de sacar a los malandros del poder.
Es una lástima el pobre país. Cada día más y más venezolanos huyen al extranjero. Quienes se quedan lo hacen porque no tienen cómo emigrar. Aunque también hay gente que, por más increíble que parezca, apoyan al gobierno. Son ingenuos o enchufados.
-Una hora ya sin energía eléctrica -dijo India en sus adentros. 

martes, 11 de octubre de 2016

12. Susi se queda a veces sin argumentos


Susi siempre quiso ayudar a India para que pudiera vencer de una vez por todas su enfermedad. Pero, a veces, se quedaba sin argumentos y se veía obligada a decirle cosas en las que ella no creía.
La angustia y la tristeza que padecía Susi en ocasiones, procedían de un problema que estaba aún sin solucionar, aunque, al paso que iba, tendría que cargar con él el resto de la vida.
El peso de su mochila era proporcional a su incapacidad para comprender una doble coincidencia o casualidad: que existieran este mundo y ella al mismo tiempo.
Susi pensaba que la Tierra era totalmente irrelevante en medio del universo. Y también ella y su amiga. 
Susi no podía llegar a comprender que el milagro de la vida hubiera surgido de la materia inorgánica; no porque ello no fuera posible, sino porque se necesitaban tomar millones y millones de desvíos para acertar el camino correcto que nos lleva a ser lo que somos.
No entendía esta complicada ingeniería universal que al final no serviría para nada, ya que la eternidad acabaría borrando para siempre las huellas de la humanidad, o de cualquier forma de vida parecida.
Tampoco comprendía porqué había sido invitada como un ser vivo provisto de un alto nivel de consciencia sin ser consultada. Obligada a muchas cosas en un mundo en el que no pueden nacer todos en el mismo sitio o en la misma época, allí donde el clima, las creencias o las condiciones de vida son las óptimas.
A Susi la desazonaba el gran complot de la vida: que un ensamblaje colosal se hubiera montado para acabar siendo tod imperfecto. Prefería no ser un ente consciente antes que pasar por este mundo sintiéndose cada vez más ignorante e impotente.
La mujer no comprendía a veces por qué caminar, si nunca se llega a ninguna parte, igual que ocurre en la cinta estática del gimnasio. No entendía que quisiéramos saber o acumular, en un mundo indescifrable e inabarcable por cualquier ser imaginado por los humanos.
Susi no podía digerir que la vida fuera bella y cruel al mismo tiempo, entre otras muchas razones porque todos viven en una esfera redonda, una forma, de entrada, inadecuada para que la totalidad de la gente disfrute el sol que más calienta en invierno.
Susi le ocultaba algunas cosas a India para no hacerle daño, aunque bien sabía que resultaba difícil engañar a una persona tan sensible y culta.
Lo que más le costaba a Susi era convencer a India para que comiera sabiendo que su compañera tenía ganas de vomitar en ese momento. Difícilmente se puede alimentar a una persona cuando no puede ni quiere tragar, a menos que la ates y la obligues igual que se hace con un pato, un capón, o un enfermo en su fase terminal.
Susi la animaba a vivir porque existir es lo  más lógico y normal después de haber nacido. Hay que dejarse llevar y punto. Hemos sido programados para ello y así lo hacemos hasta ahora estadísticamente.
Susi le decía a India que se debía vivir porque no quedaba más remedio. Y que compensaba luchar para intentar encontrar la justicia, la felicidad... o algo más de igualdad. 
La animaba reconociendo que este mundo era imperfecto, pero también, a veces, muy bello, tanto que no debíamos desaprovechar la ocasión que nos han ofrecido para experimentarlo.
No les quedaba más remedio que vivir si querían buscar el tesoro y no hacerle daño al otro ejerciendo la incuestionable y legítima libertad personal.
India debía buscar algo que justificara su existencia, un para qué, un propósito que la convenciera. Desde hacía unos ocho años, había perdido las esperanzas de transformar la realidad y cambiarla por otra mejor para la gente de su país. 
India siempre luchó afanosamente, desde que tuvo uso de razón, por servir a los demás ayudándolos a mejorar su calidad de vida, a erradicar la pobreza y a quitarse el yugo. Pero veía que todos sus esfuerzos eran inútiles, porque ni en su país ni en ningún lugar de este mundo existe la voluntad política de construir una sociedad justa, que nos beneficie a todos por igual, donde prime el amor al prójimo. Eso es una utopía, y siempre lo será.
Buscar el tesoro era una distracción que hacía que India se olvidase momentáneamente de tantas dificultades que axfisiaban su vida cotidiana. Aparte de eso, nada parecía tener sentido para la atormentada mujer. India entendía que Susi se quedara sin argumentos porque ambas compartían la misma manera de ver la realidad.  Seguía dejándose llevar y tratando de no hacerle daño a los que la querían. Por eso, y solo por eso, seguía viviendo.
Los esfuerzos de Susi por invitarla a perseguir sus sueños la ayudaban a mantenerse a flote. Sus conversaciones y su empeño en que dibujara, pintara y escribiera, surtían efecto en la desperanzada India, que veía cómo se deterioraba cada vez más su situación personal en un país totalmente desbocado hacia el precipicio.


lunes, 3 de octubre de 2016

11. Desenterrar un tesoro es más peligroso de lo que parece

-Tenemos que preparar el equipaje, el detector de metales, las palas y los picos... Y hablar primero con un brujo, o un desenterrador de morocotas, o un vidente- le dijo Susi a India apresurándola.
-Ya me entrevisté con un shamán yerbatero que es mi amigo, Rafael Quintero, de El Tocuyo. Me explicó cómo tenemos que prepararnos y lo que tenemos que hacer para desenterrar el oro -respondió India tranquilizando a Susi.
Hay muchas leyendas sobre los entierros de morocotas, como, por ejemplo, que el difunto que lo escondió solo comunica el lugar exacto a la persona escogida por él a través de un sueño. En este caso, mi abuela María Aurora recibió la información para que me la transmitiera a mí al día siguiente, cuando fui a entrevistarla a su casa en Maracay.
También hay otras leyendas que hablan de pactos con el diablo de entregarle un alma o dos a cambio del tesoro. Las hay que dicen que si se apodera del entierro alguien que no es el escogido, muere, o que el oro se vuelve polvo en sus manos. Todas esas historias han sido inventadas, según me contó Rafael, el shamán, para beneficio de los brujos que se adjudican el poder de desenterrar botijas, garantizar así su negocio, y evitar que las personas vayan en su búsqueda sin contratarlos.
Las únicas condiciones para encontrar el tesoro que me dijo Rafael fueron que la persona escogida podía ir acompañada por quienes ella eligiera como ayudantes, y que debían ser personas de buen corazón que no se dejaran llevar por la avaricia. Asimismo, dicha persona tenía que compartir el tesoro con sus ayudantes a partes iguales, y todos debían hacer antes una limpieza espiritual.
-¿Qué tipo de higiene? -preguntó Susi.
-Hay que darse dos baños con infusiones de yerbas que ya me dio Rafael y, el tercero, con siete limones en remojo, que deben arrancarse del árbol sin que nadie te vea diciendo un conjuro.
-¿Y estás segura de que con esa limpieza espiritual quedaremos protegidas de todo mal?
-Susi, tienes demasiados miedos y dudas. Créeme. Será más difícil superar los obstáculos de los vivos que los de los muertos.
-¿Por qué dices eso?
-Bueno, Susi, porque esa hacienda tiene su historia.
-Todas las grandes haciendas la tienen. A ver, cuenta.
-Sí, pero esta es especial. Las escrituras de esta hacienda estaban a nombre de mi abuela María Aurora, pero al emigrar la dejó bajo el cuidado de su medio hermano Pedro Luis, casado con María Aurora de Montalbán, quien se hizo pasar por mi abuela y le firmó una venta ficticia de las cinco mil hectáreas a su hijo José Federico Montalbán, un cantor de música llanera muy famoso. Él es el usurpador y no nos dejará entrar tan fácilmente a la hacienda - dijo India.
-Ahí está lo bueno, que la lucha sea peligrosa, casi a muerte, ya que, en caso contrario, no habría aventura, en fin... sería muy fácil hacernos con el oro. Además, sería una lucha justa, y la recompensa, merecida legalmente.
-Ese señor tiene plata y poder- dijo India con preocupación.
-¡Más problemas! Tendremos que ocultarnos por el día y regresar a trabajar por la noche.
-No es tan sencillo porque el entierro está debajo de tres árboles de naranjo que forman un triángulo equilátero.
-¿Y tú cómo sabes todo eso? -preguntó Susi.
-Porque me lo dijo mi abuela.

-Me parecen demasiado precisas esas señales. Ten en cuenta que los sueños suelen ser bastante difuminados y etéreos.
-El sueño de mi abuela fue exacto y concreto - dijo India muy segura.
-No creo que tu abuela y tú estéis en lo cierto, pero no nos queda más remedio que aceptar los únicos indicios que tenemos. ¿Qué otras referencias hay? -preguntó Susi.
-Solamente los tres naranjos.
-¿Formando un triángulo equilátero perfecto?
-Sí -respondió India.
-¿Cerca de la casa?
-No muy cerca.
-¿A qué distancia exactamente?
-No lo sé.
-¿Cuándo estuviste allí la última vez?
-No he llegado nunca hasta la casa de la hacienda, no me dejaron entrar.
-¿Existen todavía los naranjos? -preguntó Susi.
-¡Qué sé yo! En esas haciendas hay cientos de árboles y mucha rotación en las plantaciones y los cultivos.

martes, 27 de septiembre de 2016

10. India cuenta que hay un gran tesoro enterrado


María Ignacia, la tatarabuela de India, era una indígena yaruro que emigró de las riberas del río Mastranto arriba para establecerse en la localidad de San Carlos de Simare, en los llanos venezolanos.
Su pareja era Francisco (Pancho) Contreras, un español emigrado que vivía en la misma ciudad.
María Ignacia era indomable.
Según las historias que recopiló India en el llano hace algunos años cuando investigaba sus propias raíces, se dice que María Ignacia orinaba parada, iba en canoa a todas partes, y era buena con el arco y la flecha. Muy buena. Tanto que  cazaba garzas para quitarles las plumas y venderlas.
En lo referente a mear de pie, tenía mucha práctica y experiencia. Simplemente abría las piernas y levantaba las faldas con una mano. Con la otra separaba los labios menores de la vagina para poder orientar el chorro hacia donde quisiera. Y tenía gran precisión, incluso  más que los varones.
Los que la conocían decían que era capaz de acertarle en uno de los ojos a un sapo, un ratón o una peligrosa serpiente. Y que cualquiera de ellos se retiraba al notar el calor y el escozor proyectados a tanta presión y con tan mala intención, mientras a ella no le corría ni una sola gota de orina por las piernas.
María Ignacia tuvo doce hijos, entre los que se contaban Isidoro, el bisabuelo de India, y el famoso arpista conocido en toda Venezuela, Ignacio "Indio Figueredo". Ambos hermanos eran inseparables y además compartían amistad con un llanero de los esteros de Pariaguán, Dionisio González, quien los acompañaba cada vez que se armaba una fiesta llanera en alguno de los pueblos de la región. Pancho Contreras, Dionisio y los músicos que acompañaban al Indio Figueredo, se hicieron grandes compañeros de parrandas.
Estas fiestas solían durar tres días seguidos con sus noches, por lo que María Ignacia Figueredo salía en su bongo a buscar a su marido por los pueblos de las riberas del río Simare y, cuando lo encontraba, lo traía a rastras hasta la casa una vez que lo sacaba de la canoa con todo su cuerpo convertido en peso muerto.
Dionisio González conoció a María Aurora Montalbán, porque era hija de Isidoro y de Eduarda Montalbán. Al ser nacida fuera del matrimonio, no llevaba el apellido Figueredo. Se enamoró perdidamente de ella, y años después se casaron.
Por su parte, Isidoro amaba entrañablemente a Eduarda, la madre de María Aurora y bisabuela de India, y vivía con ella en la hacienda de 5.000 hectáreas y 3.000 cabezas de ganado que le legó al morir. Eduarda, por cosas del destino, no la pudo disfrutar. Como tampoco disfrutó las monedas de oro que se acuñaban antiguamente llamadas morocotas, y que dejó Isidoro al morir. Como no existían bancos en los campos, la gente acostumbraba enterrarlas bajo tierra en las haciendas. Isidoro había reunido una gran cantidad de morocotas, producto de su trabajo duro en la hacienda y de la venta del ganado.
En el lecho de muerte, Isidoro estaba en el fundo Los Merecures con Eduarda. Quería contarle antes de morir dónde había enterrado las morocotas, pero en la casa de la hacienda estaban también los hijos y sobrinos de Isidoro, esperando noticias sobre las morocotas, y no dejaron ni un momento a solas a la pareja, hasta que Isidoro dio su último respiro.
Eduarda preparó todo para el viaje de varios días con el fin de trasladar el cadáver hasta la capital para ser enterrado.
Al regresar al fundo Los Merecures, se encontró con que todos se habían marchado, no sin antes derrumbar las paredes de la casa de adobes buscando el tesoro, pero no lo consiguieron. Nunca se encontraron esas morocotas.
Muchos años después, India, al hacer un trabajo de investigación cultural sobre sus ancestros, entrevistó a su abuela María Aurora Montalbán de González, quien ya había emigrado hacía muchos años al centro del país. María le contó la historia, y le dijo: 
-Hija (nieta) yo justamente anoche soñé con mi papá Isidoro y me contó dónde estaba enterrada la botija... Y si usted es la única de la descendencia de nosotros que anda detrás de esas historias, es porque esas morocotas son para usted. Vaya y búsquelas. 
Y así fue como India supo dónde buscar las morocotas. Ella es la única de la familia a quien su abuela le confió el lugar.
Varios meses después, India planificó un viaje para ir a buscar las morocotas, y contrató a un chofer que la ayudaría a desentetrarlas, pero no pudo llegar al sitio del entierro. El carro se dañó misteriosamente.
Ya ella había escuchado que no es fácil desenterrar una botija con monedas de oro. Se te presentan muchas dificultades que debes superar hasta lograrlo, porque esos entierros, según le había contado su abuela María Aurora, eran custodiados por seres del más allá.
-¿Por el diablo?- le preguntó Susi a India.
-No, por espíritus.
-Me gustaría ir a por ellas- dijo Susi.
-¡Seríamos multimillonarias! -agregó India.
-¿Te dejaron algún mapa?
-No - respondió India.
-¿Solo tienes las coordenadas de un sueño?- le inquirió Susi.
-Sí, solo señales- dijo India.

viernes, 23 de septiembre de 2016

9. Cáscara de plátano y otros platos para combatir la hambruna venezolana


-En Venezuela la crisis y la escasez de alimentos son muy fuertes, por lo que algunos recurren a la concha o cáscara de plátano.  Normalmente se tiraba a la basura, pero ahora se aprovecha para preparar diversos platos -dijo India al interesarse Susi por las cosas que comía su amiga todos los días.
-¿Y qué más aprovecháis? -insistió Susi desde España.
-Pienso para gatos, o gatarina cocida espolvoreada con harina de cáscara de huevo, que tiene mucho calcio y minerales.
Aire estofado.
Agua cocida desnatada.
Revuelto de sobras en las cenas.
Como ya he dicho, cáscara de plátano en juliana. O enteras, de primer plato,  asadas a la plancha por un lado. De segundo, también enteras a la plancha, pero asadas por la otra cara.
Pan duro con aceite de palma.
Arepa untada con grasa añeja extraída con una cucharilla  de los rincones y las juntas del lavaplatos, pendiente de reparar desde hace muchos meses.
Dibujos cocidos de jamón serrano.
Menestra de foto de verduras.
Pompas de aire rellenas de olor a rico pastel.
Plastilina comestible con la que juegan los niños.
Caviar de bolitas de cera de los oídos o de la nariz.
Sueños de marisco.
Pesadillas de jamón.
Espejismos de entrecot.
Alucinaciones de lomo ibérico.
Sopa de agua oxigenada con aceite de la máquina de coser.
Pechuga de zancudo. 
Cucaracha en escabeche.
Tuqueque (lagartija) asada con gelatina de la más barata.
Fotocopia al horno de lomo de salmón.
Pastel impreso en 3D con arcilla roja muy fina.
Sopa de letras.
Rollitos de papel tierno de servilleta rellenos con valvulina de motor para quienes no tengan problemas de estómago.
Aroma de queso embotellado.
Calamares fritos dibujados con su tinta. 
Pájaros hambrientos o despistados en los alambres de tender la ropa o en los bordes de los techos, atrapados con redes, o lanzándoles trapos mojados desde escondites construidos con estructura ligera de madera y papel reciclado de embalar.
Ratas confiadas en que nunca les ha pasado nada a altas horas de la madrugada,  asesinadas con los cauchos de los carros.
Gatos y canarios.
Loros y serpientes.
Los curíes de siempre.
Perros  desahuciados tras la muerte de sus amos.
Toda clase de anfibios que se muevan en las aguas de los pantanos, de las lagunas y de los charcos, principalmente ranas y sapos muy repugnantes.
Conejos de los parques, cazados con disparos o refinadas trampas.
Lombrices.
En general, aves que se esconden en los árboles y también sus huevos batidos, o fritos.
Peces salvajes. 
Carne de rumiantes robados en las granjas.
Verduras de las huertas ajenas.
Alimentos sustraídos en los pipotes de la basura de los supermercados.
Monos asados.
Toda clase  de insectos y gusanos.
Pastel de morrocoy mascota.
Helados de agua destilada.
Murciélagos de las casas en ruinas.
Aguardiente destilado de restos de verduras y semillas de las frutas.
Aroma embotellado de churrasco hecho con fuego auténtico de leña. Infusiones realizadas con  toda clase de trapos: coges la tela, la dejas toda la noche en remojo, en la mañana la exprimes y listo. Todo va a depender de lo que haya limpiado o absorvido el trapo. 
Infusión de calcetín. 
Mate de braga.
Cocido de números.
Estofado de signos.
Revuelto de notas cazadas al vuelo con flechas envenenadas.
Ensalada de puntos y comas.
Anca o jamón de sirena. Es una mezcla de carne y pescado, y se llama carpez. Por afuera tiene escama y cuero a la vez. 
El carpez es una carne apreciada en el mundo entero. Se puede comer cruda, ahumada o curada. Pero solo se permite el consumo de la sirena de piscifactoría, más insípida y con la carne menos prieta.
-Una pregunta -dijo Susi.
-Dime -contestó India.
-¿Las sirenas tienen estructuras cartilaginosas, espinas o huesos? -preguntó Susi.
-Las tres cosas. En los brazos, la columna, la cadera y la cabeza tienen huesos. En el resto del cuerpo tienen espinas como los peces. Es que los peces tienen huesos, ¿sabes?
-Sí, es verdad. Tienen vértebras. Se les ven muy bien a las sardinas enlatadas.
¿Y cuál es el macho de la sirena?
-El sireno -contestó India.
-Sir Eno, jajaja, me meo.
-¿La sirena es un mamífero? -preguntó India.
-Sí -contestó Susi.
¿Dónde tiene Sir Eno el aparato reproductor?
-En la aleta anal -afirmó India.
-Yo pensé que los sirenos llevaban  todo colgando como los humanos, pero después me quedé pensando y me dije: "Peligroso y doloroso si se los pilla una nécora con las pinzas".
¡Me meo de la risa!
-¿Qué es una nécora? -dijo India.
-Un cangrejo de mar que tiene tenazas potentes y muy grandes. ¡Unas pinzas capaces de romper un coco!
A sir Eno no le queda más remedio que llevarlos protegidos dentro del cuerpo. ¡Ah!, y otra cosa, llevarlos colgando no sería tampoco muy aerodinámico en el agua.
Imagínate que se los retuerce un pulpito. 
-¿Qué es es un púlpito marino? -preguntó India.
-Un pulpito, no un púlpito. 
Es muy peligroso andar con los huevos al agua. Los pulpos desde que aprietan las cosas con sus tentáculos ya no las  sueltan.
-¡Jajaja! Pobre Sir Eno -dijo India.
¿Cómo se llama la cooperacion entre dos animales para beneficiarse recíprocamente?
-Simbiosis.
-El pulpo y Sir Eno practican entonces una relación de simbiosis.
-¿Cómo es éso? -preguntó India.
-Cuando la sirena no está en celo, ellos dos se benefician mutuamente. Pero no te diré cómo.

jueves, 22 de septiembre de 2016

8. Dos muertes en el mismo día


India estaba muy triste cuando Susi contactó con ella. Su pena y decaimiento tenían dos motivos. Había fallecido inesperadamente una amiga muy querida, y se había  oficializado la dictadura en Venezuela, es decir, la democracia no estaba ya moribunda, sino definitiva e irreversiblemente difunta.
La desaparicion de su amiga podía tolerarla con resignación. Todos vamos a morir algún día,  y solo necesitamos estar vivos. Duele y es triste, pero hay que aceptarlo como parte inherente de este mundo al que nos han traído. Pero, lo otro, la muerte de la democracia y la legalización de la dictadura en Venezuela, no se puede aceptar como si del destino se tratase, porque proviene de la decisión arbitraria del gobierno antidemocrático que impera en el país.
A mitad del período del cargo de Presidente de la República existe un derecho a solicitar y realizar referendo revocatorio. Si se efectúa en ese período y se revoca al Presidente, se llevan a cabo elecciones para un nuevo período de gobierno. Con la situación de crisis humanitaria que está atravesando Venezuela, los chavistas que están en el poder,  con Maduro a la cabeza, saben que van a perder.
Si el referendo se realiza después de cumplirse la mitad del período y se revoca al Presidente, no hay elecciones,  sino que lo sustituye el Vicepresidente (nombrado por el Presidente) hasta que termine el período presidencial en 2019.
Y todo eso lo han venido planificando y llevando a cabo al demorar durante ocho meses la solicitud de referendo con artimañas. La más descarada ha sido decretar una supuesta emergencia energética que se paliaría ahorrando energía si solo se trabajaban dos días a la semana.
Así lo hicieron. Los funcionarios solo fueron a las oficinas los lunes y martes durante meses, con lo que los días laborables se redujeron también para el organismo encargado de tramitar la solicitud del referendo. Alargaron los lapsos cada vez que les vino en gana, con total impunidad y arbitrariedad. Porque ejercen el poder autocráticamente.
Mientras tanto, el mal gobierno y la corrupcción han acabado con la poca producción nacional de alimentos, y ahora que ha bajado el precio y la extraccion de petróleo,  ya no alcanza para comprar en el exterior lo que antes se producía aquí, ni siquiera lo que necesita la población para subsistir, como las medicinas y los alimentos, entre otros rubros.
Aparte de esto,  tampoco se celebrarán las  elecciones de gobernadores que corresponde realizar en diciembre, porque coincide con el proceso del referendo revocatorio. Quién sabe qué artimaña usarán para que también los gobernadores se perpetúen en sus cargos.
Mientras muere la democracia en Venezuela, el mundo mira hacia otro lado, y la tristeza invade a India y a la mayoría de los venezolanos.
Que ondee, pues, la bandera de la libertad y la justicia, a partir de ahora, a media asta.

7. India tiene que dejar su casa de Acarigua


India había recogido lo más esencial para la mudanza a la casa familiar.
Tuvo que sacar todo para acomodarlo en la maletera y el asiento trasero del carro de su hermana Ángela. También se llevaba a su perrito Leo.
El carro iba lleno hasta el techo. No cabía nada más.
Mientras recorrían el camino,  India se sentía triste por dejar su casa, el hogar donde había vivido los últimos ocho años, donde había sido independiente y feliz. Y, por otro lado, también tenía muchas expectativas de lograr concretar proyectos con su hermana en la casa familiar,  luego de vender la suya.
La vivienda de las cinco hermanas en Santa Ana estaba muy bien ubicada y querían aprovechar el hermoso jardín para instalar un restaurant.
Además, tenían otros proyectos que nunca se pudieron concretar porque la situación del país comenzó a deteriorarse. La escasez y la hiperinflación habían comenzado.
Fue entonces cuando, sin pensarlo mucho, decidió llamar de nuevo a Susi, que vivía tranquila en España sin muchos problemas.
Chateaban todos los días porque India necesitaba atención y cariño debido a las penas que la aquejaban. La ansiedad se le había convertido en un trastorno.
Susi era buena, y por eso nunca se cansaba de apoyarla.
En el fondo la quería, y pronto formó parte de la familia.
Pero llegó un momento en que Susi se convirtió en una sumisa terapeuta a distancia. Y todo porque no soportaba que India sufriera.
Las sesiones de relajación de India las dirigía Susi desde España.
Las dos se echaban en sus respectivas camas a siete mil kilómetros de distancia, con los brazos y las piernas abiertas.
Susi le decía a India que cerrara los ojos, e India obedecía. Y ya no podía volver a abrirlos aunque quisiera, sino hasta que Susi se lo permitiera de nuevo.
Estas sesiones conseguían su objetivo. Rebajar la ansiedad de India de nueve a tres, de siete a dos, de cuatro a uno... en una escala de cero a diez.
Pero India no tenía con qué pagarlas, así que Susi  decidió que debía dibujar, escribir o caminar para saldar las deudas.
Se puede pensar que pagar con esa moneda es muy fácil, pero no; no es cierto. Cuando se está realmente enferma, resulta muy difícil existir, porque existir significa sentir que no se tienen ganas de vivir, y no tener ganas de nada es... estar siempre harta, a punto de vomitar.
Cuando se está llena de todo, lo único que apetece es saciarse con la muerte, y hacerlo bien, no de una forma chapucera, como lo intenta mucha gente que no tiene ni la más mínima idea.
-El suicidio está ahí y hay que hablar de él para que no se quede enquistado y se  convierta en un tumor malo - le decía Susi a India algunas veces.
Hay, incluso, que tratarlo con humor e ironía. Reírse de él, si llega el caso. Porque mientras te ríes, te alejas del peligro.
Susi le contó a India que, en cierta ocasión, escribió un artículo para un periódico sobre el suicidio. Susi pasó tres noches sin dormir hasta que, por fin, le salió algo con cierto sentido.
No quería escribir un supositorio de moralina. Ni disparar con la pistola de la compasión. Ni mostrar estadísticas. Ni desatar pena hacia esas personas. Ni convencerlas, porque, en el fondo, tienen razón.
Y, por fin, Susi se puso a escribir. Era un artículo cargado de humor negro, ironía y vida, ya que también provocaba risa.
En él, no le reclamaba nada a los políticos ni a la Administración, que siempre andan más pendientes de su salud que de la de los otros.
Se titulaba así: "Cómo evitar un suicidio chapucero".
El artículo iba dirigido a todo tipo de usuarios.
Recomendaba, por ejemplo, que era mejor una buena sobredosis de sexo loco y ron, que una lenta y aburrida cirrosis.
También recomendaba la escalada en roca sin cuerda, antes que el puenting.
El puenting no solía dar buen resultado. Principalmente cuando el río baja con demasiado caudal.
Para que el puenting sea un método efectivo tiene que estar el lecho casi seco, y las piedras no deben ser cantos rodados, sino angulosa roca caliza.
De esa manera se consigue un buen hostiazo.
Había que ser comprensible con la Administración, y no provocar más gasto sanitario que pagarían todos los ciudadanos.
El suicidio debía ser económico y limpio y no ocasionar gastos de hospitalización ni complejas operaciones de búsqueda.
Los perros, mejor emplearlos en los terremotos, en los sepultados bajo la nieve o el lodo, o en la búsqueda de excursionistas atontados que no saben ni siquiera donde está el norte.
En el artículo también se recomendaba usar el horno crematorio en vez de la playa, pues era mejor también para las arcas del Estado.
Usando el horno solo se gastaba un poco de gasoil, aunque el sistema fuera algo doloroso al principio. Pero compensaba. Compensaba porque el melanoma, a la larga,  era mucho más terrible y doloroso.
En el artículo tampoco se recomendaba el lento suicidio provocado por intoxicación alimentaria. Mucho mejor un empacho mortal a base de mariscadas reogadas con un buen vino blanco. O tinto, con una pota entera de cocido gallego. Y, al terminar, otra, y otra... hasta que  saltan los ojos igual que los tapones de champán en Navidad.
Todo eso mejor que un goteo lento del veneno que va en las bebidas azucaradas o las grasas saturadas, el aceite de palma... 
Susi recomendó también morir tras un largo ayuno en la tienda de campaña, en el bosque,  con una buena fuente al lado; antes que mendigar un puesto de trabajo de un par de horas diarias, con flexibilidad horaria, sin dietas, y coche propio para los desplazamientos.
En el bosque, por lo menos, conservas tu dignidad, mientras bebes agua fresca y escuchas gratuitamente el trino alegre de los pájaros.
Susi afirmaba en el artículo que no hay chapuza más grande que llegar al hospital a pie, y con mucho más dolor que antes. El del alma sumado al que produce un buen leñazo en los riñones, después de caer en el río sobre los cantos rodados, allá abajo, al lado del primer arco del puente.
Todo esto fue lo que escribió Susi en el artículo de prensa.
Susi siempre fue partidaria de la eutanasia.  
Y, con respecto al suicidio, nunca quiso convencer a nadie de que era mejor comer cuando está subiendo el vómito. Si lo hizo, fue con argumentos vacíos.

martes, 20 de septiembre de 2016

6. Javier de la Cruz Pérez, el Cid Puyador o Perico Metralleta.


Tras dos años de comunicación, Susi dejó de hablar con India. Al llegar a casa; su padre, su marido y su suegra le requerían todo el tiempo libre, y cuando se daba cuenta, era ya muy tarde.
India no se lo tomó mal ni le reprochó nada a Susi. Sabía que, tarde o temprano, ello ocurriría.
Susi guardaba un grato recuerdo de India, persona que estuvo muy necesitada afectivamente desde que intentó suicidarse. Pero de lo que más disfrutó fue de las historias que India le contaba, especialmente de la noche de los once polvos.
Susi la conservaba aún en el chat. En ella, ambas mujeres hablaron así:

-Perdona, pero es casi la onceava vez que te pregunto si las contaste -dijo Susi.
-¿Acaso dudas de mí? -contestó India.
-No, pero me parece un cosa fuera de serie, algo que no es de este mundo terrenal y que no se lo creerá nadie.
-No te engaño, ni conté mal. Fueron once,  o diez y la propina, y todos con ella igual de dura, de principio a final.
-¡Menuda fiesta! -dijo Susi-. Podía satisfacer a once mujeres, más de una vez a media docena, o... 
-Le salen muchos tipos de cuentas. No dudo que haya hecho alguna vez lo que dices -respondió India.
-¿Durante tu matrimonio?
-No. Después de que la mujer lo dejó -agregó India.
-¡Hagan cola y agarren su número! ¡Jajaja! ¡Y las últimas no se quejen si faltan unos milímetros de su tamaño reglamentario.  Sean comprensivas, por favor.
-No te creas que perdía dureza -aclaró India.
-¡Qué bárbaro! ¡Qué fenómeno! Ni que tuviera una prótesis interna accionada con bombín ¡Jajaja! ¡Eso debía ser tan potente como el basculante de un camión! -dijo Susi ensalzando la función del miembro de Javier.
-Yo no sé si lo habré idealizado con los años, pero así lo recuerdo -agregó India.
-¡A ver si en realidad era un pepino que traía siempre escondido!
-¡Jajaja! Te gusta el tema, ¿no? -preguntó India.
-Sí. ¡Menudo fenómeno!
-¿Y nunca has tenido una experiencia parecida? -preguntó India.
-Difícil encontrar a un hombre como ése en el mundo terreno. Con un novio lo hice seis veces. Pero al día siguiente bajó mucho la cosa.
-Pues mi marido podía hacerlo a diario. Después de la primera noche, cuatro meses seguidos de cinco a seis todos los días. ¡Era una máquina! Yo me imagino que eso tiene sus ventajas y desventajas -agregó India.
-¡Tu Javier se confundió de oficio!
Si en vez de producir tomates, alquila el pepino, ahora estaría forrado de dólares.
-¡Jajaja! -rió India-. Pero, como te decía, tiene sus desventajas. Es como una enfermedad.
-¿Desventajas para quién? -preguntó Susi.
-Para él, porque si no tiene mujer debe buscarla obligatoriamente como sea y donde sea.
-O matarse a pajas escondido detrás de unos matorrales o unos cañaverales -aportó Susi.
-¡Jajaja! Pobre. Cuántas no se habrá hecho en su vida.
-Pues multiplica, a diez por día... suficiente para una buena quesería. 
Un honor para el pueblo de San Vicente tener un semental tan valeroso, potente y valiente.
-¡Jajaja!Le deberían dedicar una calle. Capaz si tú fueras el alcalde lo condecorarías -dijo India.
-No, porque seguro que también se habría tirado a mi mujer.
-¡Jajaja! -rió India.
-Aún así, le dedicaría una calle, una plaza o, mejor aún, un monolito o una fuente, muy apropiados para la ocasión, los últimos dos.
-¡Jajaja!Me meo de la risa. Bueno, entonces que se sepa la verdad de una vez por todas y se le reconozcan sus méritos -dijo India.
-Sus méritos son dignos de figurar en la enciclopedia venezolana al lado de otras grandes pero mucho menores y valerosas gestas.
Ya quisisera Camilo José Cela ser testigo de tu confesión y vivir para hacerte un exaustivo interrogatorio, igual que  cuando investigó el caso del Cipote de Archidona ¿Lo conoces?
-No, no lo conozco -contestó India.
-Aquello también fue memorable, pero nada comparable con la magnitud y la funcionalidad del muy servicial órgano de tu marido.
Lo de Archidona fue solo un disparo y un récord balístico, aunque de muy buenos parámetros y peores consecuencias.
Pero esto que me cuentas es diferente. Es un combate a once asaltos sin descansos. ¿Te imaginas que hubiéramos estado esa noche las dos con él y que hubiéramos colaborado para mantenerlo erecto mucho más tiempo? 
¿Tú que opinas? ¿12? ¿14?...
En fin. Yo propongo que la calle se llame Perico Metralleta, porque también los carneros abastecen a unas doce o más ovejas -concluyó Susi.
-Y yo, Javier de la Cruz Pérez, el Cid Puyador, nombre singular y sufrido al mismo tiempo, épico y valeroso, reconquistador de todos los coños, el gran eyaculador, el noble guerrero de los once polvos, el poderoso libertador, el barrenador, el gran surtidor...
-Menuda pareja nos hemos juntado, jajaja. Me meo de tanto reirme. Menos mal que tenías sueño, Susi, ya van a ser las dos y media de la madrugada.
¿Lo llevamos a pleno y así deciden todos los miembros?
-Esto reanima a los muertos, ¡jajaja!
-¡Jajaja! -rió India a carcajada limpia.
-La verdad es que resulta muy difícil topar con alguien que lo tenga todo al mismo tiempo: un miembro de tamaño generoso y una función poderosa, propia de las armas de repeticion.
Imagínate un miembro de lo mejor con eyaculación precoz.
-La de mi marido no era precoz. Era normal. Aquella noche lo inundó todo. Y manaba muy caliente.
-No me entiendes. Digo que lo tiene todo. Miembro y función. El miembro sin la función solo sirve de adorno, para recibir caricias y falsos elogios.
-¿Y al revés? ¿Y la función sin el miembro?
-Tampoco sirve, o si no, prueba meterte el dedo once veces.
-Exacto. La naturaleza floreció en ese ser para que él, a su vez, repartiera el polen de su miel a tutiplen.
-Y dejó a otros en la más absoluta y ridícula  miseria. ¡Qué mal! ¡Qué injusticia! Que él pueda hacer gozar a una docena y que a otros ni siquiera se les ponga la picha dura, firme o tiesa, como el monolito de granito que yo solicito a estos concejales.

martes, 13 de septiembre de 2016

5. Sin rumbo fijo

India salió  del hospital con su pequeña maleta en la mano y se detuvo un momento en el rellano de las escaleras.
Casi no sabía caminar en el exterior y el sol de la mañana le molestaba en los ojos, como si hubiera estado largo tiempo recluida en una cueva.
Mientras India bajaba los cuatro escalones, Miriam también descendió de su carro y se acercó a ella.
-Hola amiga, ¿cómo te sientes? -le dijo-. Te he estado esperando más de media hora. ¿Por qué no salías? Ven, móntate, que nos vamos.
-Cosas burocráticas del hospital, ya sabes -respondió la mujer.
Al recorrer el camino,  India fue pensando que  no tenía ni idea de cómo orientar su vida de ese momento en adelante. Solo quería volver a la normalidad, a disfrutar de su cuarto, su cama, su TV, su jardín, su intimidad e independencia.
Cuando llegaron a la casa, India notó que todo seguía tal como lo había dejado al marcharse, aunque las plantas estaban un poco mustias y hacía falta recoger las hojas secas del jardín.
Lo primero que hizo fue dejar la maleta sobre su cama. Y, antes de ir a darse un baño, se estiró sobre ella y se quedó pasmada unos minutos con los ojos abiertos, casi sin parpadear ni  respirar profundamente, mirando a las telarañas   que habían tejido aprovechando su ausencia.
India hizo un recuento de cómo se sentía cuando la hospitalizaron hacía dos semanas y su estado emocional y mental de ahora, y se dio cuenta de que había mejorado mucho. Ya no lloraba ni tenía pensamientos suicidas. Le había hecho bien estar ahí, a pesar de todo, aunque no cambiaba la comodidad de su hogar por otro sitio.
La semana siguiente estuvo ocupada limpiando y poniendo en orden sus cosas, a la vez que intentaba hacerse una idea de qué podía hacer para ganar un dinero extra que la ayudara a cubrir los gastos. Desde que tomaba tanta medicación, buena parte de la plata que todavía recibía de su sueldo al estar de reposo médico, la tenía que gastar en medicinas. Y gracias que, al menos, todavía podía percibirlo.
La medicación le mantenía equilibradas las emociones y pasó varios meses haciendo ponquesitos y tortas que vendía en la tiendita de su vecina. Además, se dedicó a asesorar estudiantes universitarios en sus trabajos de investigación.
Mientras tanto, seguía de reposo médico, pues no podía someterse a situaciones de estrés que la desequilibraran nuevamente, pero eso no lo entendían los empleados de recursos humanos de su oficina. La acosaban laboralmente presionándola para que renunciara, hasta que finalmente la botaron.
India se sentía muy sola. Alejada físicamente de la familia y aislada socialmente. Solo contaba con tres amigas que la visitaban regularmente, y con su vecina. Recordaba con nostalgia las conversaciones que mantuvo con Susi durante su hospitalización, pero que poco a poco se fueron espaciando en el tiempo hasta que no volvieron a llamarse. India tenía mucho de qué ocuparse para poder subsistir, y Susi estaba inmersa en su rutina diaria y sus extravagantes aventuras.
India, con el apoyo de una de sus hermanas, logró construir una pequeña vivienda anexa para alquilar y tener un ingreso económico más, pero se hacía difícil su situación  porque comenzaron a escasear los alimentos y los artículos básicos necesarios, y ya no le alcanzaba el dinero.
A veces pasaba una semana entera comiendo solo caraotas con arroz.
Le faltaba plata para pagar los servicios públicos de la vivienda, y las cuentas se iban acumulando hasta que no tuvo otra opción que mudarse de ciudad a la casa familiar a vivir con una de sus cuatro hermanas.
Lo estuvo pensando mucho tiempo antes de tomar la decisión, porque había vivido sola desde que tenía 18 años, excepto cuando estuvo un año de casada, y no iba a ser fácil acostumbrarse a volver con la familia.
India vivía en una casa muy bonita con techo de madera a dos aguas, pisos blancos de cerámica, ventanas panorámicas, un patio con huerto, y un jardín pequeño pero con muchas plantas que la deleitaban en las mañanas con el frescor y el canto de las aves, y en el que pasaba horas enteras dedicada a su cuidado.
Disfrutar de su casa le daba mucha paz y tranquilidad. Además, tenía a disponibilidad, a escasos metros, un parque de 600 hectáreas en el que caminaba por las tardes.
Disponía de una enorme biblioteca con cientos de sus libros preferidos, muchos de los cuales aún no había leído. Cada detalle, cada cuadro y cada adorno que decoraba su casa, tenían una historia que contar que le daba un sentimiento de pertenencia a lugares y personas queridos.
No quería desprenderse de su hogar. Antes de tener su propia casa, India se había mudado veintiocho veces, cambiando siempre de lugar de residencia. Y esa era la primera  que disponía de una vivienda propia, por eso no la quería dejar. Pero ya se avisoraban tiempos difíciles en el país por la inflación y la escasez, y ella no tenía manera de afrontarlos sola esta vez. Siempre se había sentido orgullosa de su capacidad de trabajo y de superación en la vida, pero ahora las circunstancias adversas la estaban venciendo. Tendría que mudarse de su casa y buscar refugio con su familia.
Tomó la decisión una noche luego de conversar por teléfono con su hermana Ángela, y al día siguiente comenzó a recoger en cajas de cartón lo que se llevaría en la mudanza. Regaló a una biblioteca pública más de quinientos libros, se deshizo de  mucha ropa y zapatos que no usaba y dejó lo esencial, aunque se dio cuenta de que necesitaría un camión para trasladar todas sus cosas.
Pero no pensó en que no tenía suficiente dinero para pagarlo y finalmente tuvo que meter todo en un cuarto para llevarse solamente lo que cupiera en el carro de su hermana. Así, India dejó atrás casi todo lo que había construído en su vida, para comenzar de nuevo, muy ligera de equipaje.

viernes, 9 de septiembre de 2016

4. ¡Menudo fenómeno!


-Me impactó mucho la imagen de tu primera vivienda de casada, y aún sigo explorando con mi linterna vuestra habitación, sin que os deis cuenta. Seguro que tiene pocos muebles; como mucho, una silla roída por la carcoma y un armario destartalado, con sus marcos descuadrados debido a los bultos y el desnivel del terreno. 
La luz del exterior entra por un ventanuco, también de geometría rectangular perdida, con la masilla de los cristales cuarteada, igual que el barro reseco de un antiguo lecho de agua -dijo Susi intentando describir la primera casa en la que vivió India en el campo.
-Las paredes eran de barro, pero solo había una cama. La ropa colgaba de un carrizo que hice poner entre las vigas bajas del techo -añadió India.
-Un carrizo es aquí un pájaro muy pequeño que cabe, asustado, en el espacio ahuecado que se forma entre tus dos manos.
-Pues aquí es un palo que hace de percha, hueco por dentro; como un bambú
Yo traje una mesita y un banco para sentarnos que apenas cabían. Y fui feliz en esa habitación. Me sentí amada como nunca. Y amé mucho, también.
-Además, eras más joven y estabas cargada de energía e ilusión. Antaño la gente amañaba con bien poco. Tenía esperanza, paciencia y unas ganas imperturbables de trabajar.
-Yo no necesitaba nada más para ser feliz. Cultivábamos todo el maíz que comía la familia en el año, y nos juntábamos en las tardes después de la cosecha a desgranarlo. Y charlábamos viejos y jóvenes: abuelos, tíos, sobrinos, hijos y nietos. Reíamos todos sentados sobre un gran encerado desgranando el maíz. Ellos, al principio, se burlaban de mí porque no sabía desgranar.
-¿Encerado?
-Una tela gruesa muy grande como de saco donde caían los granos del maíz. Era tan grande que cabíamos todos.
-En casa solo vivías con tus suegros y tu marido.
-Sí, pero en la finca de seis hectáreas estaban todos los hijos con sus familias en sus casas. Era como una tribu. Solo dos de las hijas vivían aparte y lo compartíamos todo; los huevos de las gallinas, las caraotas que recolectábamos de los rastrojos, el maíz que sembrábamos entre todos, lo que se compraba con la venta del café... Todo compartido a partes iguales. ¡Ah! y garbanzos.
-¿Caraotas?
-Caraotas negras, unos granos que son la comida tradicional venezolana. Por cierto, ya no hay, y si las consigues, cuestan un ojo de la cara. Ahora son comida de ricos.
-¿Granos parecidos a qué? -preguntó de nuevo Susi.
-Similares a las caraotas rojas de ustedes, pero más pequeñas.
-¿Granos rojos nuestros?
-Sí. ¿Sabes cuáles son?
-No.
-Ustedes hacen un plato muy rico con unos granos rojos
o blancos.
-Sigo sin caer.
-Una sopa que ustedes hacen que le ponen chorizo y unos granos blancos como habas.
-Jajaja.
-¿De qué te ríes?
-Habas, jaja, ¡habas!
-Sí, blancas, negras, pintas... Esas mismas son.
-La fabada y la sidra asturianas son famosas en el mundo entero.
-¿Y la fabada es con qué tipo de habas?
-Blancas.
-Nosotros a eso no le ponemos solo los granos; a veces, también la piel del cochino frita. 
¿La fabada no es una sopa? -preguntó India.
-Jajaja -rió Susi.
-Disculpa mi ignorancia culinaria.Y, entonces, ¿qué es?
-La sopa solo lleva caldo de pescado o de carne y fideos. No le llames "granos" a las habas. Los granos son cosas más pequeñas: maíz, trigo, arroz...
-¡Ah!, entiendo.
-Las habas son legunbres, como los guisantes, los garbanzos,  las lentejas...
-¡Guau!, para nosotros todos son granos y las caraotas también.
-Las caraotas son habas, y las habas, legumbres.
-¡Ah!, ahora entiendo.
-Te ha costado, jajaja -rió Susi satisfecha ya.
-Entonces, mi suegra hacía todos los días un cocido de caraotas en un fogón de barro con leña.
-Unos días blancas, otros negras; y, los más, pintas -tarareó Susi.
-No -interrumpió India-. Todos los días comíamos caraotas negras, pero los domingos eran especiales, comíamos garbanzos.
-Muchos pedos... Unos blancos,  otros negros; y, los pintos, los más mortíferos.
-Jajaja. Hay unos horrorosamente olorosos.
Las caraotas se acompañaban con arepa de maíz pilado en el almuerzo y, en la tarde, casi noche , caraotas, arepa y un huevo frito.
-¿Maíz pilado?
-Pilado es cuando le quitas la cáscara al maíz en un pilón a golpes.
-¿A qué hora se reunía la gente para contar historias?
-En la tarde. Recuerdo cómo sonaba cuando frotaba una mazorca con otra. Mientras desgranábamos, contábamos historias.
-¿Recuerdas alguna? -preguntó Susi.
-No. Solo que daban mucha risa las historias cómicas que les habían pasado a algunos de ellos.
-Pensé que había tomate en el  desayuno, la comida y la cena.
-No, jajaja. Los tomates no eran para comer, sino para vender. Además, solo se cultivaban en invierno, en época de lluvias.
-Nada de pescado.
-Nada de nada -repitió India-. Leche, sí. Teníamos una vaca. ¡Ah!...y huevos de las gallinas. 
-¿La vaca era comunitaria? -preguntó Susi.
-Si, pero no hacíamos queso porque daba muy poca leche.
-¿Cuántos tirabais de las ubres?
-Muchos, unas veinte personas.
-Jajaja, pobre vaca.
-Nunca pude aprender a ordeñar -se lamentó India.
-¿Era pinta o de raza cárnica?
-Mestiza y marrón. Vaca Carora, que es una raza muy famosa aquí.
-Carora, caraotas... Jajaja.
-Jajaja -sí, pero es solo una coincidencia.
Entonces, yo revolucioné la alimentación. Compré cien pollitos y nos comimos 97.
-¿Y los terneros de la vaca?
-Los terneros los criaba mi suegro para yuntas de bueyes que vendía ya amansados. Además, también civilizaba caballos para faenar la tierra y criaba perros de caza.
Era increíble lo autosuficientes que podían ser. 
Al llegar yo, "revolucioné" la alimentación. Como no me había criado así, me cansé de comer lo mismo todo el tiempo. Entonces cometí el error, bueno, digo yo que fue un error, de traer cosas de otro tipo compradas afueraqueso, carne, arroz, yuca...
-¿Error? -dijo Susi.
-Claro, porque los hice depender de la comida comprada. Traje harina precocida de maíz y así ya no había que pilar ni sembrar.
Entonces, el dinero que ellos tenían ya no les alcanzaba, porque vendían café y animales a mediano plazo. Y, a partir de ahí, mis cuñados y cuñadas tuvieron que ir a trabajar para otros como jornaleros. Eso fue un error, ¿no te parece?
-Hasta cierto punto -contestó Susi-. No entiendo lo de criar los animales a mediano plazo.
-Bueno, que mi suegro demoraba unos cuantos años en criar y amansar los bueyes y los caballos para poderlos vender, y no era entonces inmediato el dinero que se obtenía. Yo los llevé a esa vida más dependiente de lo externo, aunque mejoraron su alimentación y su salud. Ahora, hasta tienen baño, y una casa con piso de cemento, y paredes de bloques, y techo de acerolit, y ya no pasan frío.
-Pero,  ¿hace frío en Venezuela?
-En esa zona montañosa de estado Trujillo hace frío. Recuerda que tenemos de todos los tipos de clima, hasta nieve.
-¿A qué altitud vivíais?
-A unos 1.500 metros sobre el nivel del mar, o tal vez más, no recuerdo. Era un lugar hermoso. Yo quería hacer una posada, pero no tuve tiempo. Una posada con cabañas, y que la gente viera cómo se funciona en el campo, aunque mi idea era ponerlos  a trabajar como experiencia. Eso era revolucionario en aquellas fechas.
-¿De qué año estamos hablando?
-Finales de los 90. Pero enfermó mi madre, y mi marido embarazó a otra mujer y se esfumaron todos los planes.
-Y, además, tu suegra no te quería porque gastabas más de la cuenta.
-No le convenía que yo cambiara las cosas, y en parte tenía razón.
-Y encima no empreñabas.
-No le daba nietos para que trabajasen la tierra, aunque era realmente Javier quien tenía el mayor problema. 
-¿Como lo conociste? -preguntó Susi.
- Lo conocí porque yo investigaba la cultura de ellos. Estuve cuatro años estudiándolos. Su padre era cantor de velorio y tamunangue, un tipo de baile.
-Pero él no te investigó bien a ti, jajaja.
-¿Por qué lo dices? ¡Ah! ya sé. Te recuerdo que yo no tenía demasiados problemas de infertilidad. Javier, en cambio, estaba tocado por el veneno que usaba en las siembras sin protección. Pero vamos a la historia.
-Sí -contestó Susi.
-Javier era cantor, como su padre. Yo conocí primero a este último.
-¿Qué más?
-Yo iba a cantar con ellos en pueblos y caseríos. Su padre tenía un estatus dentro de los cantores, era maestro.
-Bien.
-El maestro guarda unos cuadernos con las letras de las canciones escritas en castellano antiguo aunque se las sabe de memoria.
Yo me hice muy amiga de su padre y me confió los cuadernos.
-De acuerdo.
-Desde que mi marido me conoció cantando la primera vez, me propuso matrimonio.
-Sigue.
-Estuvo cuatro años recordándomelo cada vez que nos conseguíamos en los velorios y tamunangues.
-Te tiraba los tejos.
-Me echaba los perros. 
Yo investigué a su familia.  Provenían de una etnia indígena desplazada de otro sitio, por eso se comportaban como una tribu. Pero tenían valores que no los tenía la gente de la ciudad: honestidad, hospitalidad, meritocracia, trabajo duro,
respeto... Lo que olvidé investigar fue su comportamiento hacia las mujeres. Eran promiscuos, por decirlo de alguna manera.
Lo digo porque en ese tiempo yo también había tenido un novio en la ciudad. Era un intelectual que yo adoraba. Un historiador muy culto; un escritor que había migrado desde Caracas a la ciudad donde yo vivía.
-Sigue contando.
-Llevábamos un año saliendo y me había dicho que estaba divorciado. De repente, le llegó la mujer y los dos hijos
a vivir con él. Yo no entendía nada. Me dijo que no los podía echar a la calle. Yo le dije que se viniera a vivir conmigo y le di un plazo de un mes para que decidiera.  En ese mes no le hablé del asunto. Al cumplirse ese periodo, le pregunté qué decisión había tomado. Me dijo que necesitaba más tiempo, que no podía romper con ella. Me había engañado y yo, sin decirle nada, fui al pueblo donde vivía Javier y le dije que aceptaba casarme con él.
-Por despecho -dijo Susi.
-Sí. A los diez días me mudé con él, y a los dos meses nos casamos.
El historiador me invitó después a almorzar, y en pleno almuerzo le dije: "Me casé". Se puso a llorar y se fue. No nos volvimos a ver en muchos años.
- Qué triste. No te acostaste con él.
-Sí y no.
-O sí, o no.
-Él tenía problemas. Disfunción eréctil. Nos acostamos y nos amamos. Para amar no es necesario penetrar. A veces, Susi, es mejor incluso no penetrar para poder querer y amar de verdad. A mí no me importaba eso. Yo lo quería y le había dicho que iríamos con un médico. Hay muchas maneras de hacer el amor. Además, no es el sexo lo más importante de una relación.
-Javier, en cambio, tenía la herramienta bien.
-Jajaja, muy bien, demasiado bien para una sola mujer.
-¿Te puedo contar una confidencia?
-Cuenta, sí.
-La primera vez que estuvimos juntos en la cama lo hicimos once veces... sin sacarla. Un prodigio de la naturaleza, jajaja.
-¡Qué fenómeno! ¿Las contaste bien?
-Sí. Las conté todas. Pero no fue así siempre, ni tampoco todo eso para mí sola. Fue prorrateado, dividido entre varias mujeres. Y eso no lo pude soportar.
-Yo pensaba que no había máquinas de montar como esas.
-Yo tampoco. Era increíble -dijo India.
-Y, encima, lo alimentabas a base de bien con comida rica de afuera.
-Sí, para otras. 
Le compré ropa nueva, un teléfono celular de esos grandotes que había en esa época, le hice un tratamiento en la piel de la cara, lo puse lindo...
-¿Conducía? -preguntó Susi.
-Sí. Yo le prestaba mi carro. Las mujeres se enamoraban de él porque creían que tenía dinero.
-Con esa palanca de cambio lo merecía todo.
-Jajaja -rió India a carcajada limpia.
-Era grande...
-Sí,  jajaja.
Pero no me quería. No solo porque embarazó a otra muchacha, sino porque varias veces que salí de viaje, no me llamó ni siquiera para verificar que había llegado bien, y cuando estuve hospitalizada, pasó una semana sin llamarme.