(Relato por entregas) Marisol Pajuelo Loreto (Venezuela) y Jesús García Juanes (España)
martes, 8 de noviembre de 2016
18. La vida de Almir vale más que todo el oro del mundo
-India, ¿y por qué Almir no se quedó en la isla?
-Porque tuve un problema con su hermana y todo se complicó.
-Cuéntame -le pidió Susi.
-Mi hermana Leticia estaba de vacaciones en Perlas con una amiga y decidieron vender a consignación trajes de baño de la tienda de Isaura en la playa. Yo serví de intermediaria en el negocio.
Les iba muy bien y pronto Isaura se puso envidiosa y quiso que su hermana las sustituyera en la venta para que se ganara ese dinero.
Comenzó a tratarme mal poniéndome condiciones casi imposibles de cumplir, como por ejemplo que tenía que rendirle cuentas a diario, y después ya no era a consignación, sino que le pagara la mercancía aunque no la vendiera.
Almir se molestó con Isaura porque a su hermana Triny no le ponía esas condiciones, y vendía en la misma playa haciéndonos la competencia.
Fue todo un problema. Ya no me dejaba entrar al depósito, insinuando que yo robaba la mercancía, y además no podía ir a ver a Almir a la tienda.
A eso se añadía que yo había hablado mucho con Almir acerca de las condiciones injustas de trabajo. Solo los esclavos trabajan sin paga. Ella debía pagarle a Almir todos los salarios que le debía desde hacía meses que trabajaba sin cobrar nada.
Almir estaba molesto por eso también. Hasta que llegó un día en que Isaura decidió arbitrariamente quitarme la mercancía. Almir se fue de su casa y le exigió el pago de todo lo que le debía.
-Eso debió haber sido muy fuerte.
-Si. Isaura hasta me sacó a empujones del negocio mientras Almir le reclamaba que no me maltratara. Nos fuimos juntos de ahí. Y Almir decidió que no quería que su familia supiera nada de él. Ya estaba harto de que Isaura lo hubiera envuelto en un trabajo ilegal en el que no podía reclamar en ningún organismo público, y encima que lo explotara como lo hacía. Solo la vio el día que le entregó el dinero que le debía y el monto del boleto aéreo a Brasil. Él se molestó con toda la familia porque no lo apoyaron.
-¿Y adónde se fue a vivir? -quiso saber Susi.
-Alquiló una habitación en una residencia para turistas en la isla, pero era caro.
Su situación era difícil, solo tenía una visa de turista que le había vencido hacía meses, sin posibilidades de encontrar otro trabajo por estar ilegal, y teniendo que hacer rendir el dinero.
-¿Y tú no podías casarte con él para que obtuviera la visa de residente?
-Yo se lo planteé, pero él dijo que no podía casarse conmigo solo para obtener la visa. Ya te he dicho que él era muy honesto y correcto en su manera de comportarse. No pude convencerlo.
Creo que ambos nacimos en lugares equivocados. Hemos debido nacer en países donde sí se respetan las leyes y donde la gente es más consciente de su ciudadanía. Ambos estábamos cansados de luchar para que se respetaran nuestros derechos y la lucha era infructuosa.
-¿Y cómo fue que se le metió en la cabeza esa idea de irse a buscar oro? -preguntó Susi sin entender.
-En Brasil en esa época había esa fiebre y él pensó que podría irse a hacer fortuna allá.
El día que se fue lloramos juntos. Yo presentía que nunca lo volvería a ver. Le dí las direcciones del apartamento donde yo vivía alquilada y la de la casa de mi familia en Santa Ana por si acaso me mudaba. Fue muy triste la despedida. Éramos dos personas que no cuadrábamos en la idiosincracia latinoamericana.
Nos queríamos mucho, pero las circunstancias nos llevaron por caminos diferentes.
Muchas veces he pensado que si no me hubiera separado de él y estuviéramos juntos, la vida sería distinta.
Viviríamos una vida sin lujos, integrados en la naturaleza, sin tantos adelantos tecnológicos y sin ese afán de lucro que desvirtúa lo que en realidad vale la pena, una vida sencilla, con lo básico, pero con lo más importante que es el amor verdadero. Si tienes eso, no necesitas mucho más para ser feliz.
Por eso es que el mundo está como está. Una locura. La gente antepone el dinero a otros valores más importantes, e incluso el planeta ya no da para más.
Y las personas no terminan de entender que ese sistema de vida está acabando con los recursos. Cada vez hay más miseria y pobreza, y se agotan los recursos. Unos cuantos disfrutan de mucho y muchos no tienen nada qué llevarse a la boca.
Yo no necesitaba el oro que Almir quería darme. Me habría conformado con que estuviera conmigo aquí ahora, y no haber dado su vida por ofrecerme una fortuna.
Aunque a fin de cuentas es posible que siga con vida, porque no tengo pruebas fehacientes de que haya muerto.
Que estuviera con vida vale más que todo el oro del mundo.
17. El príncipe Almir nunca regresó con la visa ni el oro
Almir había llegado desde Río de Janeiro a la Isla Perlas unos meses antes de conocer a India. Nunca se imaginó que encontraría al amor de su vida en ese lugar. Solo vino a trabajar con su hermana Isaura en la tienda de trajes de baño brasileños que ella había establecido ilegalmente en la isla. En el mismo local, el propietario de una tienda de ropa para caballeros -representante legal del permiso de importación- le había alquilado a Isaura un espacio del negocio que regentaba.
En Venezuela se puede comerciar sin permiso del Estado si se sabe a quién sobornar.
Almir pasó de vivir en la granja de su tío Mario, donde se sentía libre e integrado en la naturaleza, a trabajar doce horas encerrado en el depósito del negocio sin poder ver siquiera la luz del sol.
Su hermana no le pagaba ningún salario, solo le daba la casa y la comida, con la promesa de que algún día compartiría una parte de las ganancias con él.
En la tienda también trabajaba ilegalmente otra de sus hermanas y el esposo de Isaura. Ninguno tenía visa de residente para poder trabajar. Solo permisos de turistas. La mercancía la traían de contrabando desde Brasil. Todo eso lo supo India tiempo después.
Cuando India conoció a Almir, en una reunión de brasileños emigrados a la isla, supo enseguida que había conocido al amor de su vida. Nunca la habían flechado de esa manera. Almir también lo supo, por eso al separase lo vivió en carne propia. Una vez le escribió a India que de haber sabido que nunca se volverían a ver, habría valorado aun más cada minuto que pasaron juntos.
Almir era el menor de sus diez hermanos. Delgado, moreno, con cabello oscuro muy corto y de contextura atlética. Le gustaba mucho estar en contacto con la naturaleza. Por eso se sentía muy feliz los domingos cuando podían ir a caminar por la playa.
Almir era de carácter apacible y tenía muy claro lo que le gustaba
Almir era de carácter apacible y tenía muy claro lo que le gustaba
y lo que no. Su vida giraba en torno a valores altruistas muy distintos a los de su familia, para quienes les valía todo con tal de conseguir dinero y una vida de lujos, de ahí que siempre tuviera incompatibilidades con ellos.
Esos mismos valores los compartía con India. Por eso había tanta afinidad entre los dos.
-Tuve un novio brasileiro. El amor de mi vida -le dijo India a Susi.
Esos mismos valores los compartía con India. Por eso había tanta afinidad entre los dos.
-Tuve un novio brasileiro. El amor de mi vida -le dijo India a Susi.
-No me has dicho nada de él hasta ahora, India.
-No te he dicho nada porque la cosa acabó mal, y no quiero recordarlo para no sufrir. Fue una persona muy importante para mí, quizás la más importante.
-El amor de tu vida.
-Y yo el de su desgraciada existencia.
-¿Por qué nunca me hablaste de ello, India? Y perdona que lo repita.
-Porque es un capítulo muy doloroso.
-¿Más dolor del que has tenido?
-Sí, al final de nuestra historia.
-Suele ocurrir, India, por desgracia, suele ser así.
-Durante el tiempo que estuvimos juntos fue maravilloso.
-¿Maravilloso?
-Fui la mujer más feliz de este mundo.
-Esa es una frase muy manida.
-Pero es que fue verdad, Susi. Empleo si quieres otras palabras. Me quiso, nunca me engañó...
-¿Por qué fuiste feliz?
-Porque encontré a una buena persona con grandes valores, honesto, fiel, sincero, íntegro... Y me amaba. Pero esas mismas cualidades provocaron nuestra separación, aunque parezca paradójico.
Yo ya iba a graduarme en la universidad, y él no tenía mucho que ofrecerme; no había estudiado, era pobre, dependía de su hermana y, lo peor, lo que lo mató, es que no disponía de permisos ni papeles.
Estaba trabajando ilegal aquí, en Venezuela. Pero se peleó con su hermana y se marchó a Brasil para tratar de conseguir la visa y buscar oro en las minas. Intentó traerme algo qué ofrecerme. Dijo que volvería en dos años... pero nunca regresó.
Lo esperé tres años. Me enviaba cartas de diferentes sitios de Brasil. Sé gracias a eso que estuvo en unas minas muy famosas donde murieron muchos hombres a cielo abierto. En el Mato Grosso.
Finalmente dejó de enviarme cartas y su otra hermana lo buscó, y supo que lo habían matado en la toma de una explotación. Bueno, eso fue lo que me dijo.
-¡Dios! -exclamó Susi.
-Mi madre era diputada en el Congreso y cuando le conté me dijo que por qué no se lo dije antes de que se fuera, que ella le conseguía la visa. Pero fue tarde. Yo no quería que se fuera, pero él insistía en que no tenía nada que ofrecerme.
Si no se hubiera ido, no estaría aquí conversando contigo, ni me hubiera intentado suicidar... Se me salen las lágrimas.
-¿Qué edad tenías, India?
-Unos 24 años.
-¿Y él?
-Igual que yo. Pero Almir era distinto a su familia, tenía otros valores.
-Otra vez el oro de por medio. El maldito oro que llevan Isidoro, el loro y el tesoro -dijo Susi-. ¿Alguna vez le dijiste que no querías el metal precioso, sino a él? ¿Conservas alguna carta suya?
-No te he dicho nada porque la cosa acabó mal, y no quiero recordarlo para no sufrir. Fue una persona muy importante para mí, quizás la más importante.
-El amor de tu vida.
-Y yo el de su desgraciada existencia.
-¿Por qué nunca me hablaste de ello, India? Y perdona que lo repita.
-Porque es un capítulo muy doloroso.
-¿Más dolor del que has tenido?
-Sí, al final de nuestra historia.
-Suele ocurrir, India, por desgracia, suele ser así.
-Durante el tiempo que estuvimos juntos fue maravilloso.
-¿Maravilloso?
-Fui la mujer más feliz de este mundo.
-Esa es una frase muy manida.
-Pero es que fue verdad, Susi. Empleo si quieres otras palabras. Me quiso, nunca me engañó...
-¿Por qué fuiste feliz?
-Porque encontré a una buena persona con grandes valores, honesto, fiel, sincero, íntegro... Y me amaba. Pero esas mismas cualidades provocaron nuestra separación, aunque parezca paradójico.
Yo ya iba a graduarme en la universidad, y él no tenía mucho que ofrecerme; no había estudiado, era pobre, dependía de su hermana y, lo peor, lo que lo mató, es que no disponía de permisos ni papeles.
Estaba trabajando ilegal aquí, en Venezuela. Pero se peleó con su hermana y se marchó a Brasil para tratar de conseguir la visa y buscar oro en las minas. Intentó traerme algo qué ofrecerme. Dijo que volvería en dos años... pero nunca regresó.
Lo esperé tres años. Me enviaba cartas de diferentes sitios de Brasil. Sé gracias a eso que estuvo en unas minas muy famosas donde murieron muchos hombres a cielo abierto. En el Mato Grosso.
Finalmente dejó de enviarme cartas y su otra hermana lo buscó, y supo que lo habían matado en la toma de una explotación. Bueno, eso fue lo que me dijo.
-¡Dios! -exclamó Susi.
-Mi madre era diputada en el Congreso y cuando le conté me dijo que por qué no se lo dije antes de que se fuera, que ella le conseguía la visa. Pero fue tarde. Yo no quería que se fuera, pero él insistía en que no tenía nada que ofrecerme.
Si no se hubiera ido, no estaría aquí conversando contigo, ni me hubiera intentado suicidar... Se me salen las lágrimas.
-¿Qué edad tenías, India?
-Unos 24 años.
-¿Y él?
-Igual que yo. Pero Almir era distinto a su familia, tenía otros valores.
-Otra vez el oro de por medio. El maldito oro que llevan Isidoro, el loro y el tesoro -dijo Susi-. ¿Alguna vez le dijiste que no querías el metal precioso, sino a él? ¿Conservas alguna carta suya?
-Yo no le podía contestar porque no me daba la dirección para que su familia no lo encontrara. Solo echaba las cartas, y yo veía los sellos, y sabía dónde había estado. Conservo algunas en mi biblioteca de la casa de Acarigua. Y unas fotos.
-Lo esperaste y le fuiste fiel.
-Si. Nunca he conocido a alguien igual a él. Tú te pareces, aunque seas mujer.
-¿Y por qué no pensaste en tu madre? -preguntó Susi.
-Porque yo era muy jodida con eso de la honestidad y hubiera sido tráfico de influencias. Además yo poco veía a mi madre. Vivía lejos.
Como ves la vida no ha sido de color de rosas. He derramado ríos de lágrimas y he comprado todos los tickets para el suicidio.
-Has cometido errores que ahora ya no se pueden enmendar. Todos lo hacemos.
-Si, malas decisiones.
-Te tenías que haber marchado con él a Europa, o a donde fuera.
-El problema era que me faltaba muy poco para graduarme.
-Se trataba de una decisión difícil, aunque no para mí - dijo Susi.
-Por esa razón no me fui. Pero ahora soy consciente de que debía haberme marchado con él hasta el fin del mundo.
-Si era una persona buena, a la mierda la graduación. Mira ahora de qué te sirve la carrera.
-Sí, tienes razón -dijo India.
-Eres inteligente y trabajadora. Te hubieras ganado muy bien el pan en Europa, o en cualquier parte.
-Con su apoyo creo que sí, Susi.
-Pero no debes darle vueltas. "Agua pasada no mueve molinos".
-Así es y así lo decía también Almir, nombre que, en varios idiomas, significa "príncipe famoso", o "heredero de un reino".
Dios lo tenga en el cielo -dijo finalmente India.
-Lo esperaste y le fuiste fiel.
-Si. Nunca he conocido a alguien igual a él. Tú te pareces, aunque seas mujer.
-¿Y por qué no pensaste en tu madre? -preguntó Susi.
-Porque yo era muy jodida con eso de la honestidad y hubiera sido tráfico de influencias. Además yo poco veía a mi madre. Vivía lejos.
Como ves la vida no ha sido de color de rosas. He derramado ríos de lágrimas y he comprado todos los tickets para el suicidio.
-Has cometido errores que ahora ya no se pueden enmendar. Todos lo hacemos.
-Si, malas decisiones.
-Te tenías que haber marchado con él a Europa, o a donde fuera.
-El problema era que me faltaba muy poco para graduarme.
-Se trataba de una decisión difícil, aunque no para mí - dijo Susi.
-Por esa razón no me fui. Pero ahora soy consciente de que debía haberme marchado con él hasta el fin del mundo.
-Si era una persona buena, a la mierda la graduación. Mira ahora de qué te sirve la carrera.
-Sí, tienes razón -dijo India.
-Eres inteligente y trabajadora. Te hubieras ganado muy bien el pan en Europa, o en cualquier parte.
-Con su apoyo creo que sí, Susi.
-Pero no debes darle vueltas. "Agua pasada no mueve molinos".
-Así es y así lo decía también Almir, nombre que, en varios idiomas, significa "príncipe famoso", o "heredero de un reino".
Dios lo tenga en el cielo -dijo finalmente India.
viernes, 4 de noviembre de 2016
16. Si hubiera despertado Isabel aquella noche en la cama...
-¿Qué edad tenía tu amiga? -preguntó Susi a India desde el otro lado del inmenso océano.
-Unos 19 o 20. Teníamos casi los mismos años.
-Y, ¿cómo sabías que a ella le gustaban las chicas?
-Porque me lo dijo.
-¿Cómo era? Su cuerpo por afuera y su cabeza por dentro.
-Era muy delgada, cabello castaño claro, blanca, ojos grandes, muy inteligente y con un oído absoluto.
-¿Un oído absoluto?
-Sí. Es un don con el que no todas nacemos. Identificas las notas musicales solo con escucharlas.
Era honesta y trabajadora. También muy pobre y, además, huérfana.
-Aún sabiendo que era lesbiana, ¿dormías con ella?
-Sí. Era mi mejor amiga en aquellos momentos. La quería mucho.
-Inteligente, huérfana, pobre y con extraordinario oído. Casi nada. ¿Porqué la querías? -preguntó Susi.
-Porque ella era incondicional conmigo. Una persona íntegra.
-Pero no la quisiste probar. Igual que a mí, te gustan más los nabos.
-¿Cuáles nabos? -interrogó India.
-La polla de los hombres. No te vayas a reir. Hablo en serio.
-Está bien, no me reiré... ¡jajaja!
-¿Cómo se llamaba?
-Isabel.
-¿Por dónde anda ahora?
-Regresó a Chile con su novia. Las dos eran de allá.
-¿Conociste a su amiga?
-Sí.
-Le perdiste la pista.
-No. Aunque Isabel se había ido de la isla donde estudiábamos, siempre nos mantuvimos en contacto.
-Se fueron porque en Venezuela la sociedad no veía bien esas cosas, y menos de aquella, ¿verdad, India?
-Así fue, Susi.
-Cometiste un gran error esa noche cuando te atreviste a acariciar uno de sus senos.
-Eso nadie lo puede decir. ¿Cuál error?
-No seguir acariciándola hasta que despertara. Descubrirías cómo es el amor de una mujer.
-Me dio mucho miedo, pero tal vez tengas razón.
Yo tenía la regla. Fue tan fuerte la reacción a esa caricia que me dio un derrame y al día siguiente tuve que ir al médico. Por eso creo que sentí repulsión, rechazo, una sensación agridulce y muy extraña.
-¿De qué tenías miedo?
-No lo sé. Debía ser la camisa de fuerza que todos tenemos apretándonos las ideas en la cabeza.
-Ibas a descubrir cómo ama una mujer pobre, huérfana, inteligente y con el oído absoluto que has dicho.
¿Hablaste con ella?
-No, Susi, nunca le dije nada. Ni se enteró de lo sucedido.
-¿Le gustabas a Isabel?
-¿Yo? No. Nunca me dijo nada. Ni siquiera lo sospeché. Menudas cosas tienes.
-¿Por qué dormíais juntas en la isla?
-Eso nadie lo puede decir. ¿Cuál error?
-No seguir acariciándola hasta que despertara. Descubrirías cómo es el amor de una mujer.
-Me dio mucho miedo, pero tal vez tengas razón.
Yo tenía la regla. Fue tan fuerte la reacción a esa caricia que me dio un derrame y al día siguiente tuve que ir al médico. Por eso creo que sentí repulsión, rechazo, una sensación agridulce y muy extraña.
-¿De qué tenías miedo?
-No lo sé. Debía ser la camisa de fuerza que todos tenemos apretándonos las ideas en la cabeza.
-Ibas a descubrir cómo ama una mujer pobre, huérfana, inteligente y con el oído absoluto que has dicho.
¿Hablaste con ella?
-No, Susi, nunca le dije nada. Ni se enteró de lo sucedido.
-¿Le gustabas a Isabel?
-¿Yo? No. Nunca me dijo nada. Ni siquiera lo sospeché. Menudas cosas tienes.
-¿Por qué dormíais juntas en la isla?
-Susi, esto parece un interrogatorio. Porque ella se quedaba a estudiar conmigo donde yo vivía. No podía pagar el alquiler.
-Dijiste en una isla.
-Claro, mujer, en Perlas. Yo vivía en una habitación del apartamento de otra amiga.
-¿Y solo había una cama?
-Solo.
-¿Te hubiera amado si se hubiera despertado aquella noche?
-¡Y yo qué sé! Tal vez. Yo estaba probando a ver qué pasaba.
-El sentir es cosa de dos. Y tenías que hacerlo mirándole a los ojos, India.
-Pero sentí eso que te conté. Se me aceleró el corazón, me dio miedo.
-¡Qué bueno!
-¿Bueno por qué?
-Porque estabas viva, como un animal en el medio de la selva o la sabana, llena de vida. Descargaste adrenalina.
-Si, seguramente. Y mucha hormona. Debió ser muy fuerte porque tuve un descontrol que me provocó un gran derrame.
-Adrenalina para poder enfrentarte a lo que te ocurriría si ella hubiera abierto los ojos.
-Dijiste en una isla.
-Claro, mujer, en Perlas. Yo vivía en una habitación del apartamento de otra amiga.
-¿Y solo había una cama?
-Solo.
-¿Te hubiera amado si se hubiera despertado aquella noche?
-¡Y yo qué sé! Tal vez. Yo estaba probando a ver qué pasaba.
-El sentir es cosa de dos. Y tenías que hacerlo mirándole a los ojos, India.
-Pero sentí eso que te conté. Se me aceleró el corazón, me dio miedo.
-¡Qué bueno!
-¿Bueno por qué?
-Porque estabas viva, como un animal en el medio de la selva o la sabana, llena de vida. Descargaste adrenalina.
-Si, seguramente. Y mucha hormona. Debió ser muy fuerte porque tuve un descontrol que me provocó un gran derrame.
-Adrenalina para poder enfrentarte a lo que te ocurriría si ella hubiera abierto los ojos.
Yo siempre he tenido miedo a tener un orgasmo con una mujer en la cama.
-¿Tú, Susi?
-Sí. Pero tú fuiste mucho más allá. Te atreviste a explorar. Quizás porque eras más inconformista, rebelde y brava que todas tus hermanas.
-Si tú lo dices...
-Yo nunca he tenido la oportunidad de rozarle a una mujer un pecho con los labios o los dedos. Y mucho menos a una mujer que sé a ciencia cierta que le gustan los senos.
-Recuerda que fue pura casualidad, Isabel dormía desnuda.
-¿Casualidad que durmiera desnuda?
-Hacía calor en la isla, no había aire acondicionado, ella era muy dada a desnudarse delante de sus amigas. Nos teníamos confianza.
-¿Sus senos eran bellos?
-Eran muy pequeños. Pero podría decirse que sí -contestó India.
-Pequeños y bellos -repitió Susi.
-Si, duros y muy tiesos. Parecidos a dos limones de piel poco rugosa y muy fina.
-¿Y sus caderas?
-Angostas, era muy delgada. Siempre vestía con ropa de hombre.
-¿Y no te daba cosa verla desnuda sabiendo que era lesbiana y que dormía en tu cama?
-No, Susi, no.
-¿Tú también andabas despelotada por la casa?
-No. Yo era más moderada y cristiana, ¡jajaja! Nunca andaba a escape libre por mucho calor y humedad que hubiera.
-¿Piensas que Isabel te estaba provocando?
-No lo creo. Ella me respetaba.
-Yo nunca he dormido con otra mujer en una cama, exceptuando a mi mamá y a mi hermana. Y por supuesto que me moriría de miedo sabiendo que ella fuera lesbiana.
En fin, fue una pena que no despertara Isabel y que te coincidiera la regla. ¡Qué pena!
-Si.
-Eso desvirtuó en parte los hechos.
-Es posible. Pero no me sentía "sucia" como muchas mujeres. Todo lo contrario. Para mí la regla es algo muy femenino, lo mismo que para un hombre sería una muestra de virilidad, una "roja eyaculación" sin la cual no hay gestación, afortunadamente, en mi caso, nada dolorosa.
-Pero estabas incómoda. ¿Ella sabía que la tenías?
-Si. Sabía que tenía la regla.
-¿Cómo la controlabas aquella noche? ¿Con un tampón, un paño o una compresa?
-Con una compresa. Aquí, toalla sanitaria.
-Para mí fue un gran misterio el período de mi madre cuando yo era pequeña y, posteriormente, mi primera menstruación. Nunca me dijeron nada sobre la cuestión hasta que llegó el momento. Hoy sigue siendo un tema tabú.
-¿Un gran misterio?
-No lo entendía. Me parecía que mamá estaba herida y no curaba de aquello nunca porque periódicamente se repetía. Y eso que intentaba ocultar los paños.
-Cuando yo tuve mi primera regla me encerré a llorar en el baño porque creía que me estaba muriendo.
-¡Jajaja! ¿Tampoco te lo explicó antes tu mamá?
-No.
-Te seguiré contando, que me estoy escapando por las ramas. Siempre he tenido miedo a que me gustara estar con otra mujer. El mismo miedo que tú sentiste aquella noche. ¿Sabes por qué sentimos ese miedo?
-¿Por qué?
-Porque tenemos pánico a que nos guste lo prohibido y, después, tener que llevarlo a la práctica, y tener que ocultarlo, u ondearlo abiertamente en la sociedad.
-¡Ah! Ya entiendo.
-Si hubiera despertado Isabel cuando, explorando, le tocaste un seno, es muy probable que no estuvieras ahora hablando conmigo. Ni que hubieras intentado suicidarte.
-¡Ah! Eso eso sí es cierto.
-Si hubiera despertado Isabel, te hubiera calmado y tranquilizado, y no te hubiera hecho daño. Todo lo contrario. Te hubiera hablado y preguntado cosas, respetándote, igual que una hermana o una madre. Si era inteligente y te quería, como bien dices, tendría mucho tacto. Antepondría las palabras a los besos y las caricias.
-Seguramente hubiera sido así. Pero quién sabe si habría aceptado mi propuesta tal como la planteé.
-No hiciste ninguna propuesta.
-Estaba implícita, Susi.
-Sí. Tienes razón. Por eso, India, me da pena que Isabel no despertara.
-Así es la vida.
-A mí me hubiera gustado que despertara... si estuviera en tu lugar.
-¿Por qué?
-Porque tendría la oportunidad de experimentar algo nuevo e, incluso, superior al amor que me puede dar un hombre. Podrían haberse dado dos situaciones. Que abriera los ojos, o que no. En este último caso, me abrazaría muy fuerte. Abrir los ojos es, quizás, mucho más bello habiendo suficiente luz en la habitación.
-La había, Susi, la había.
-Entonces fijo que os miraríais sin parpadear. Y eso te relajaría, teniendo en cuenta tu estado fisiológico.
-¿Tú, Susi?
-Sí. Pero tú fuiste mucho más allá. Te atreviste a explorar. Quizás porque eras más inconformista, rebelde y brava que todas tus hermanas.
-Si tú lo dices...
-Yo nunca he tenido la oportunidad de rozarle a una mujer un pecho con los labios o los dedos. Y mucho menos a una mujer que sé a ciencia cierta que le gustan los senos.
-Recuerda que fue pura casualidad, Isabel dormía desnuda.
-¿Casualidad que durmiera desnuda?
-Hacía calor en la isla, no había aire acondicionado, ella era muy dada a desnudarse delante de sus amigas. Nos teníamos confianza.
-¿Sus senos eran bellos?
-Eran muy pequeños. Pero podría decirse que sí -contestó India.
-Pequeños y bellos -repitió Susi.
-Si, duros y muy tiesos. Parecidos a dos limones de piel poco rugosa y muy fina.
-¿Y sus caderas?
-Angostas, era muy delgada. Siempre vestía con ropa de hombre.
-¿Y no te daba cosa verla desnuda sabiendo que era lesbiana y que dormía en tu cama?
-No, Susi, no.
-¿Tú también andabas despelotada por la casa?
-No. Yo era más moderada y cristiana, ¡jajaja! Nunca andaba a escape libre por mucho calor y humedad que hubiera.
-¿Piensas que Isabel te estaba provocando?
-No lo creo. Ella me respetaba.
-Yo nunca he dormido con otra mujer en una cama, exceptuando a mi mamá y a mi hermana. Y por supuesto que me moriría de miedo sabiendo que ella fuera lesbiana.
En fin, fue una pena que no despertara Isabel y que te coincidiera la regla. ¡Qué pena!
-Si.
-Eso desvirtuó en parte los hechos.
-Es posible. Pero no me sentía "sucia" como muchas mujeres. Todo lo contrario. Para mí la regla es algo muy femenino, lo mismo que para un hombre sería una muestra de virilidad, una "roja eyaculación" sin la cual no hay gestación, afortunadamente, en mi caso, nada dolorosa.
-Pero estabas incómoda. ¿Ella sabía que la tenías?
-Si. Sabía que tenía la regla.
-¿Cómo la controlabas aquella noche? ¿Con un tampón, un paño o una compresa?
-Con una compresa. Aquí, toalla sanitaria.
-Para mí fue un gran misterio el período de mi madre cuando yo era pequeña y, posteriormente, mi primera menstruación. Nunca me dijeron nada sobre la cuestión hasta que llegó el momento. Hoy sigue siendo un tema tabú.
-¿Un gran misterio?
-No lo entendía. Me parecía que mamá estaba herida y no curaba de aquello nunca porque periódicamente se repetía. Y eso que intentaba ocultar los paños.
-Cuando yo tuve mi primera regla me encerré a llorar en el baño porque creía que me estaba muriendo.
-¡Jajaja! ¿Tampoco te lo explicó antes tu mamá?
-No.
-Te seguiré contando, que me estoy escapando por las ramas. Siempre he tenido miedo a que me gustara estar con otra mujer. El mismo miedo que tú sentiste aquella noche. ¿Sabes por qué sentimos ese miedo?
-¿Por qué?
-Porque tenemos pánico a que nos guste lo prohibido y, después, tener que llevarlo a la práctica, y tener que ocultarlo, u ondearlo abiertamente en la sociedad.
-¡Ah! Ya entiendo.
-Si hubiera despertado Isabel cuando, explorando, le tocaste un seno, es muy probable que no estuvieras ahora hablando conmigo. Ni que hubieras intentado suicidarte.
-¡Ah! Eso eso sí es cierto.
-Si hubiera despertado Isabel, te hubiera calmado y tranquilizado, y no te hubiera hecho daño. Todo lo contrario. Te hubiera hablado y preguntado cosas, respetándote, igual que una hermana o una madre. Si era inteligente y te quería, como bien dices, tendría mucho tacto. Antepondría las palabras a los besos y las caricias.
-Seguramente hubiera sido así. Pero quién sabe si habría aceptado mi propuesta tal como la planteé.
-No hiciste ninguna propuesta.
-Estaba implícita, Susi.
-Sí. Tienes razón. Por eso, India, me da pena que Isabel no despertara.
-Así es la vida.
-A mí me hubiera gustado que despertara... si estuviera en tu lugar.
-¿Por qué?
-Porque tendría la oportunidad de experimentar algo nuevo e, incluso, superior al amor que me puede dar un hombre. Podrían haberse dado dos situaciones. Que abriera los ojos, o que no. En este último caso, me abrazaría muy fuerte. Abrir los ojos es, quizás, mucho más bello habiendo suficiente luz en la habitación.
-La había, Susi, la había.
-Entonces fijo que os miraríais sin parpadear. Y eso te relajaría, teniendo en cuenta tu estado fisiológico.
Tu vida hubiera cambiado a partir de aquel momento. Eso tenlo por seguro. Y creo que para bien.
-Sí, de eso no me cabe la menor duda. En la vida solo me han ocurrido cosas malas, por lo menos en los últimos años.
-Hace mucho le pregunté a una lesbiana si ella se corría cuando estaba con otra mujer.
-¿Y qué te dijo?
-Le hizo mucha gracia. Vino a decirme que yo tenía un concepto del sexo demasiado cuadriculado, producto de la presión de la sociedad. Me contestó que le resultaba mucho más fácil que con un hombre.
-Lógico. Era lesbiana, ¡jajaja!
-¡Jajaja! Buena respuesta. Pero a mí, como mujer, me extrañó mucho. Me extrañó mucho que una mujer pasara de algo tan innato y natural como lo es ser penetrada por el macho.
-Claro, yo también puedo verlo de esa manera porque nunca he estado con otra mujer. Pero el amor de pareja es muy complejo, bueno, todas las relaciones entre las personas, y por tanto no se trata solo de penetrar y ser penetrada.
-Tú lo has dicho, el amor de pareja. Pareja no tiene porqué significar hombre-mujer, o mujer-hombre.
-¿Algún día podremos simular, tú y yo, qué habría pasado si Isabel hubiera despertado?
-Menudas cosas tienes, Susi. Eso es del todo imposible. Creo que no me gustan las mujeres y debo reconocer que no hay nada como la metralleta de Perico, ¡jajaja!, la de mi ex, de quien ya hablamos en otro interrogatorio sexual que me hiciste atada a una silla, ¡jajaja!
-Sí, de eso no me cabe la menor duda. En la vida solo me han ocurrido cosas malas, por lo menos en los últimos años.
-Hace mucho le pregunté a una lesbiana si ella se corría cuando estaba con otra mujer.
-¿Y qué te dijo?
-Le hizo mucha gracia. Vino a decirme que yo tenía un concepto del sexo demasiado cuadriculado, producto de la presión de la sociedad. Me contestó que le resultaba mucho más fácil que con un hombre.
-Lógico. Era lesbiana, ¡jajaja!
-¡Jajaja! Buena respuesta. Pero a mí, como mujer, me extrañó mucho. Me extrañó mucho que una mujer pasara de algo tan innato y natural como lo es ser penetrada por el macho.
-Claro, yo también puedo verlo de esa manera porque nunca he estado con otra mujer. Pero el amor de pareja es muy complejo, bueno, todas las relaciones entre las personas, y por tanto no se trata solo de penetrar y ser penetrada.
-Tú lo has dicho, el amor de pareja. Pareja no tiene porqué significar hombre-mujer, o mujer-hombre.
-¿Algún día podremos simular, tú y yo, qué habría pasado si Isabel hubiera despertado?
-Menudas cosas tienes, Susi. Eso es del todo imposible. Creo que no me gustan las mujeres y debo reconocer que no hay nada como la metralleta de Perico, ¡jajaja!, la de mi ex, de quien ya hablamos en otro interrogatorio sexual que me hiciste atada a una silla, ¡jajaja!
martes, 1 de noviembre de 2016
15. India consigue que Franco se implique en la aventura
India había conocido a Franco hacía muchos años cuando estuvo hospedada en una de las habitaciones para miembros del Centro Universitario de Investigaciones Científicas de la Isla Perlas, en Venezuela.
Franco estaba coordinando a un grupo de ornitólogos que pretendían determinar el grado de extinción en que se encontraba el loro cabeza amarilla, endémico de la isla.
Enseguida se hicieron buenos amigos por su afición a la ciencia, y Franco le regaló una guía para identificar aves venezolanas. Fue así como India le dio uso a los binoculares que también su padre le había regalado años antes. Con ellos y la preciosa guía recorrió en sus ratos libres todos los rincones de Perlas junto a Franco y aprendió a identificar muchas aves. Y se enamoraron.
Finalizados los trabajos de investigación, India y Franco se separaron y tomaron diferentes caminos, aunque siempre se mantuvieron en contacto.
El día que Susi soñó con la reencarnación de Isidoro en loro catarú, India llamó por teléfono al prestigioso ornitólogo y concertaron una reunión para hablar sobre el asunto.
-¡Hola Franco! ¿Estás dispuesto a emprender un nuevo proyecto? - le preguntó India al encontrarse con él.
-¡Hola India! Un gran placer volver a verte de nuevo después de tanto tiempo. La verdad es que ahora que estoy jubilado tengo más tiempo libre. Tú me dirás de qué se trata.
-Ya te he hablado de Catarú y de la posibilidad de que mi bisabuelo Isidoro se haya reencarnado en él. ¿Tú crees que eso puede ser posible? -le preguntó India.
-Yo, como científico, no debería creer en esas cosas, pero hay ocasiones en las que la ciencia no tiene explicación para ciertos fenómenos, por lo que sí lo veo posible.
-Entonces, en dado caso de que el espíritu de mi bisabuelo Isidoro haya reencarnado en loro catarú, ¿tú crees que toda su memoria, sus vivencias o intenciones estarán en su cerebro? -quiso saber India.
-Lo más probable es que así sea. Catarú es un ave muy especial. Entre los loros que existen y existieron en el mundo es el más inteligente y con más capacidades de aprendizaje -le respondió Franco-. Pero, al estar extinto, solo tenemos posibilidades de avistarlo donde fue endémico, específicamente en las riberas del Alto Orinoco, selva adentro. Eso si no lo han matado o apresado para entretenerse con él en las fiestas, las ferias o los circos.
-¿Pero quiénes lo llevaron a la extinción? -India quería que Franco le explicara.
-Primero que nada estaban los traficantes ilegales o cazadores furtivos de animales que los buscaban vivos para venderlos a dueños de circos por sus dotes parlanchinas y su gran inteligencia. Y luego estaban los taxidermistas que los atrapaban para negociarlos a grandes y acaudalados coleccionistas, quienes pagaban una fortuna por tan rara especie de loro de aquella ya casi extinta -le explicó el ornitólogo.
Franco también le dijo a India que llevaba muchos años estudiando todos los documentos e imágenes existentes en los archivos que se referían al loro catarú y que había logrado ubicar el lugar exacto donde existió la única colonia del mundo. Además, Franco tenía muy buena mano con los baquianos indígenas yanomami, ya que el ornitólogo siempre fue respetuoso con sus costumbres y los espacios naturales en los que se movían.
-¿Será posible que Catarú haya volado desde las cercanías del río Mastranto donde murió Isidoro hasta esconderse en el Alto Orinoco, donde vivieron sus congéneres? -preguntó India muy acuciosa.
-Sí -le señaló Franco-. Pueden volar muchos kilómetros sin casi pararse a consumir alimentos usando la energía que acumulan en su cuerpo en forma de grasa. Y, lo más importante, localizar con mucha exactitud el lugar exacto del nido donde salieron de los huevos. Algo parecido al comportamiento que tienen los salmones, aunque de eso tú sabes más que yo -dijo Franco.
-Y de ser así, que encontremos a Catarú, ¿podré hacer que hable conmigo?
-Claro que sí. ¿Me quieres contar cuál es tu afán por encontrar a ese loro?
-Buena pregunta, Franco. Resulta que mientras investigaba mi árbol genealógico en Sinare, en los llanos venezolanos, mi abuela María Aurora, la mamá de mi madre, me contó sobre la existencia de un tesoro de morocotas que mi bisabuelo Isidoro enterró en un lugar de la Hacienda Los Naranjos, de su propiedad. Mi abuela tuvo una revelación en sueños en la que su papá le contaba el lugar del entierro, y queremos -mi amiga Susi y yo- desenterrar el tesoro, previa confirmación de la información por parte de Catarú. Con tu ayuda, por supuesto. Y con la condición de que repartamos el tesoro entre los tres a partes iguales -le confesó India a Franco.
-¿Pero qué tiene que ver Catarú en toda esta historia? -quiso saber Franco.
-Pues que resulta más fácil ubicar y hablar con Isidoro reencarnado en loro catarú para que nos confirme la información sobre la ubicación exacta del tesoro, que entrar a hurtadillas a la hacienda que le fue usurpada a mi abuela y adonde no seremos bien recibidos.
-¡Ah!, ya entiendo -dijo Franco más tranquilo-. Está bien, las acompañaré, solo por ayudarlas, no me interesa lo del tesoro.
-¿Cómo que no? Debes aceptar tu parte como condición para que los espíritus nos permitan desenterrarlo. -le explicó India.
-De acuerdo. Pero lo haré solo porque existe esa condición.
Finalmente quedaron en que el viaje lo realizarían una vez Susi llegara de España. Franco contactaría a los baquianos e India se encargaría del transporte, el alojamiento y la comida. Partirían desde Santa Ana en una camioneta hasta Puerto Ayacucho, donde abordarían una avioneta hasta La Esperanza, y de allí seguirían en lancha hasta el sitio donde existió la colonia catarú.
India estaba muy emocionada de que Franco hubiera aceptado el trato y, en cuanto pudo, se lo confirmó a Susi para que hiciera los preparativos del viaje e iniciar la búsqueda.
jueves, 20 de octubre de 2016
14. Isidoro se reencarnó en un loro
-Ayer tuve un sueño -le contó Susi a India muy entusiasmada.
-¿Con qué soñaste? -le inquirió India.
-No vayas a creer que soñé dónde estaba el tesoro, no; ya quisiera yo. Lo que vi fue una cosa verdaderamente extraña. Observé de forma muy clara y nítida cómo tu bisabuelo se reencarnaba en un loro.
¿Hace cuánto murió tu bisabuelo? -preguntó Susi.
-Teniendo en cuenta que mi abuela María Aurora tendría hoy 102 años si viviera, y que mi bisabuela emigró cuando mi mamá contaba con siete años, calculo que hace unos 75 años aproximadamente.
-¿Los loros viven mucho tiempo? -preguntó Susi.
-Depende de la especie. En general son muy longevos. El loro gris africano (Psittacus erithacus), también llamado yaco, puede llegar incluso a los 100 años. Pero tú no viste un ave perteneciente a esa familia volando y escapando con el alma de Isidoro, ¿verdad? El yaco tiene el pico negro y la cola roja.
-Lo recuerdo perfectamente, y no era gris, sino multicolor, de tamaño mediano, no tan grande como un guacamayo, aunque sí tan hermoso -dijo Susi.
-Dentro de unas horas, todo mi cuerpo estará frío, menos el centro del cogollo, allí justamente donde a veces sentimos que anida el alma. Loro catarú, llévatela con tus alas antes de que campe a sus anchas el crudo inverno por todo mi cuerpo -así le habló Isidoro al ave, en clave, momentos antes de morir, sin que nadie de los presentes se diera cuenta.
-¿Viste cómo mi bisabuelo Isidoro pasaba de ser humano a loro catarú transfiriendo su alma en la cabecera de la cama? ¡Menudo pájaro! ¡Quería vivir otros 85 años, como mínimo -dijo India.
-Los loros no son pájaros -contestó Susi.
-¿Con qué soñaste? -le inquirió India.
-No vayas a creer que soñé dónde estaba el tesoro, no; ya quisiera yo. Lo que vi fue una cosa verdaderamente extraña. Observé de forma muy clara y nítida cómo tu bisabuelo se reencarnaba en un loro.
¿Hace cuánto murió tu bisabuelo? -preguntó Susi.
-Teniendo en cuenta que mi abuela María Aurora tendría hoy 102 años si viviera, y que mi bisabuela emigró cuando mi mamá contaba con siete años, calculo que hace unos 75 años aproximadamente.
-¿Los loros viven mucho tiempo? -preguntó Susi.
-Depende de la especie. En general son muy longevos. El loro gris africano (Psittacus erithacus), también llamado yaco, puede llegar incluso a los 100 años. Pero tú no viste un ave perteneciente a esa familia volando y escapando con el alma de Isidoro, ¿verdad? El yaco tiene el pico negro y la cola roja.
-Lo recuerdo perfectamente, y no era gris, sino multicolor, de tamaño mediano, no tan grande como un guacamayo, aunque sí tan hermoso -dijo Susi.
-Dentro de unas horas, todo mi cuerpo estará frío, menos el centro del cogollo, allí justamente donde a veces sentimos que anida el alma. Loro catarú, llévatela con tus alas antes de que campe a sus anchas el crudo inverno por todo mi cuerpo -así le habló Isidoro al ave, en clave, momentos antes de morir, sin que nadie de los presentes se diera cuenta.
-¿Viste cómo mi bisabuelo Isidoro pasaba de ser humano a loro catarú transfiriendo su alma en la cabecera de la cama? ¡Menudo pájaro! ¡Quería vivir otros 85 años, como mínimo -dijo India.
-Los loros no son pájaros -contestó Susi.
-Lo sé. ¿Puedes asesugurar que mi bisabuelo le llamó "loro catarú" al ave en tu sueño? -preguntó India.
-Esas palabras pronunció antes de donarle el alma. ¿Conoces la especie? -interrogó Susi.
-No, pero tengo un amigo que sí -respondió India-. Se llama Franco y es ornitólogo. Por cierto, ¿para qué queremos saber tantas cosas de esa cotorra?
-No le llames así. El loro Catarú no es una cotorra, ni un guacamayo, ni una cacatúa, ni un lori, o una amazona; aunque todas esas aves pertenecen a la misma familia.
El loro catarú puede sernos de gran utilidad. Yo creo que resultará más fácil y menos peligroso buscar a Catarú para averiguar dónde está el tesoro. Te lo digo por los perdigones que podemos recibir en el trasero si nos pescan hurgando en la tierra del usurpador para encontrar las morocotas de oro.
-¿Tú crees sinceramente que es mejor buscar a Catarú que escarbar en las raíces de los limoneros de la hacienda? -preguntó India. ¿Y qué hacemos cuando encontremos a Catarú?
-Si tu abuelo se ha reencarnado en él, ese fue mi sueño, querrá hablar contigo y te dirá cómo encontrar el tesoro.
-Pues entonces manos a la obra -dijo India entusiasmada-.Ya te he dicho que tengo un amigo muy cercano que me enseñó a identificar aves.
-¿También especies raras de humanos reencarnados en loros? -le preguntó Susi.
-No, pero loros sí. Cuando lo conocí justamente estaba trabajando con ese tipo de aves. Podemos invitarlo a buscar a Catarú.
-Pero no le podemos decir para qué lo buscamos -agregó Susi.
-Es necesario que le contemos toda la historia porque ya te he dicho que debemos repartir las morocotas entre todos. Recuerda que esa es una de las condiciones para que los espíritus nos dejen desenterrarlas.
-¡Déjate de pamplinas! ¡ La pasta es la pasta! -le refunfuñó Susi a India algo molesta-. ¿No te das cuenta que así seremos tres a repartir? ¿No es más económico consultar la wikipedia?
-Espera. Deja que revise a ver qué consigo -le dijo India.
Tras media hora de consulta, India volvió a hablar con Susi.
-Necesitamos llamar a Franco, mi amigo ornitólogo, porque no hay información sobre el loro catarú en la web, y nosotras no sabemos nada de aves. Él es el experto -insistió India.
-Yo no he encontrado nada. Google es muy deficiente. Lo único que he visto es que el loro catarina, también un ave perteneciente a la familia de las psitácidas, tiene la misma raíz que el nuestro -dijo Susi.
-El único que puede saber si el loro catarú existe es Franco -insistió India.
-¿Puedes llamarlo ahora? -preguntó Susi.
-Sí. Lo llamaré. Espera.
-No le des muchas explicaciones a Franco sobre Catarú.
-Está bien -contestó India.
Luego de unos quince minutos de espera, ya Susi se estaba impacientando cuando le escribió de nuevo India.
-Dijo que sí existe -comentó India.
-Esas palabras pronunció antes de donarle el alma. ¿Conoces la especie? -interrogó Susi.
-No, pero tengo un amigo que sí -respondió India-. Se llama Franco y es ornitólogo. Por cierto, ¿para qué queremos saber tantas cosas de esa cotorra?
-No le llames así. El loro Catarú no es una cotorra, ni un guacamayo, ni una cacatúa, ni un lori, o una amazona; aunque todas esas aves pertenecen a la misma familia.
El loro catarú puede sernos de gran utilidad. Yo creo que resultará más fácil y menos peligroso buscar a Catarú para averiguar dónde está el tesoro. Te lo digo por los perdigones que podemos recibir en el trasero si nos pescan hurgando en la tierra del usurpador para encontrar las morocotas de oro.
-¿Tú crees sinceramente que es mejor buscar a Catarú que escarbar en las raíces de los limoneros de la hacienda? -preguntó India. ¿Y qué hacemos cuando encontremos a Catarú?
-Si tu abuelo se ha reencarnado en él, ese fue mi sueño, querrá hablar contigo y te dirá cómo encontrar el tesoro.
-Pues entonces manos a la obra -dijo India entusiasmada-.Ya te he dicho que tengo un amigo muy cercano que me enseñó a identificar aves.
-¿También especies raras de humanos reencarnados en loros? -le preguntó Susi.
-No, pero loros sí. Cuando lo conocí justamente estaba trabajando con ese tipo de aves. Podemos invitarlo a buscar a Catarú.
-Pero no le podemos decir para qué lo buscamos -agregó Susi.
-Es necesario que le contemos toda la historia porque ya te he dicho que debemos repartir las morocotas entre todos. Recuerda que esa es una de las condiciones para que los espíritus nos dejen desenterrarlas.
-¡Déjate de pamplinas! ¡ La pasta es la pasta! -le refunfuñó Susi a India algo molesta-. ¿No te das cuenta que así seremos tres a repartir? ¿No es más económico consultar la wikipedia?
-Espera. Deja que revise a ver qué consigo -le dijo India.
Tras media hora de consulta, India volvió a hablar con Susi.
-Necesitamos llamar a Franco, mi amigo ornitólogo, porque no hay información sobre el loro catarú en la web, y nosotras no sabemos nada de aves. Él es el experto -insistió India.
-Yo no he encontrado nada. Google es muy deficiente. Lo único que he visto es que el loro catarina, también un ave perteneciente a la familia de las psitácidas, tiene la misma raíz que el nuestro -dijo Susi.
-El único que puede saber si el loro catarú existe es Franco -insistió India.
-¿Puedes llamarlo ahora? -preguntó Susi.
-Sí. Lo llamaré. Espera.
-No le des muchas explicaciones a Franco sobre Catarú.
-Está bien -contestó India.
Luego de unos quince minutos de espera, ya Susi se estaba impacientando cuando le escribió de nuevo India.
-Dijo que sí existe -comentó India.
El loro Catarú que estamos buscando es un macho más grande que el loro catarina y, probablemente, poco parecido a esa especie endémica de México. Más grande, inteligente y capaz de asociar fácilmente las cosas con su nombre. Solo vivió en una zona del Alto Orinoco. Pero acabaron pronto con él, ya que generaba mucho beneficio en las fiestas, las ferias y los circos. Era capaz de pedir alimentos, contar objetos, reconocer formas y colores... todo ello con muy poco adiestramiento. Y eso fue lo que lo llevó a la extinción en aquel momento. Si es cierto que Isidoro se ha reencarnado en ese tipo de loro, me dijo Franco que no tardarían mucho en dar con él los traficantes de animales o los taxidermistas.
-Dile, pues, que mantenga todo esto en secreto -recomendó Susi por el bien del loro y del tesoro.
jueves, 13 de octubre de 2016
13. Lluvia, zancudos y cortes de luz
Aquella tarde, como otras muchas, se volvió a cortar la energía eléctrica en la casa de India. O se debería decir que alguien la había secuestrado. Alguien de la empresa estatal. Porque el suministro es un monopolio del Estado, como ya casi todo. O tal vez se debía la avería a alguna eventualidad por la lluvia que estaba cayendo. O igual era por omisión. Se debería hacer mantenimiento de las líneas del tendido eléctrico y podar los árboles que crecen enredados en él, pero no se hace, y con cualquier viento fuerte hay fallas.
Todo eso sin contar que en verano, cuando hay sequía, también hay racionamiento eléctrico en todo el país. Este año han sido cuatro horas diarias. A India, como vive cerca del hospital y de la residencia del gobernador, no se la cortan. Tiene suerte.
No se sabe cuánto durará la interrupción. Paciencia. Mucha paciencia con el calor y los zancudos.
Hace unos cuatro meses le dio a India la virosis del zika, que la transmite un mosquito, y si se complica puede ser letal. La mujer fue llevando la enfermedad como pudo, pero un amigo suyo murió de eso hace poco.
Venezuela está en ruinas. La han dejado así las corruptelas del gobierno y su ineficacia. No hay químicos para los planes de fumigación que se hacían antes, ni de prevención de proliferación de los transmisores de chikungunya, zika y dengue; los zancudos. Se ha retrocedido en materia epidemiológica. Ni siquiera hay vacunas para los bebés recién nacidos. Han reaparecido enfermedades ya erradicadas como la malaria o la difteria. Y las instituciones públicas no emiten sus informes para tratar de esconder la realidad.
Ya paró de llover. Es posible que repongan el servicio pronto.
Poco se puede hacer sin electricidad y con lluvia. Muy poco. Sentarse bajo techo en el balcón a fresquear y a matar zancudos. La ciudad se paraliza, y si el apagón es general, el país completo queda casi muerto. Todo queda obstaculizado, desde el tránsito, hasta las tiendas, los bancos, los hospitales, todo. E incluso causa muertes.
El gobierno le echa la culpa al fenómeno metereológico de La Niña o El Niño que causa sequías y merman la capacidad de generación eléctrica del principal embalse del país, el Gury. Con tanto dinero que ha entrado a las arcas del tesoro nacional no han sido capaces de buscar alternativas. Difícil de creer. Es demasiada la corrupción y la ineptitud. Antes hasta se exportaba electricidad a países vecinos.
Durante los cortes de energía, hay que desconectar todos los aparatos eléctricos porque cuando reponen el suministro a veces llega con alto voltaje y se quema todo. Y no hay a quién reclamar.
También se producen cortes programados. Son de cuatro horas, van por zonas y varían de horario, pudiendo tocar desde las doce de la medianoche hasta las cuatro de la madrugada. La pobre gente tiene que desconectar y conectar los aparatos a esa hora sin poder dormir tranquila.
Así se vive en Venezuela. La población está agobiada, cansada y desmoralizada.
Hace unos dos o tres años, cuando la gente salió a las calles a protestar, el gobierno reprimió fuertemente las manifestaciones, violaron los derechos humanos de personas inocentes, hubo muertos, detenciones ilegales, y para no ser inculpados por delitos de lesa humanidad, crearon bandas con civiles, los llamados "colectivos armados", que hicieron y todavía hacen el trabajo sucio de represión. Si estás tranquilamente en una calle con miles de personas manifestando, llegan los colectivos disparando a mansalva y los órganos de seguridad del Estado no hacen nada para evitarlo. Actúan con total impunidad. Todavía hay muchos jóvenes detenidos ilegalmente sin haber cometido ningún delito, con procesos judiciales amañados, que llevan años encarcelados.
Y, así y todo, la gente ha salido a manifestarse hace poco a la calle en Caracas, pero las protestas han mermado mucho.
Visto desde afuera, pareciera que el venezolano es conformista; no hay comida y no protesta, no hay medicinas y se conforma, hay problemas por todas partes y la gente no se moviliza por sus derechos; pero no es tan sencillo. La represión es muy fuerte, la violación de los derechos humanos se ha institucionalizado y se han perfeccionado sus mecanismos. Es una lucha muy desigual. Quienes están gobernando actúan al margen de la ley y se apoyan en la delincuencia común.
En Venezuela se tiene tanto miedo a los policías como a los ladrones y asesinos. Son los mismos.
En esta sociedad se ha roto el contrato social. Está deshecha y pasarán años para que la situación mejore después de sacar a los malandros del poder.
Es una lástima el pobre país. Cada día más y más venezolanos huyen al extranjero. Quienes se quedan lo hacen porque no tienen cómo emigrar. Aunque también hay gente que, por más increíble que parezca, apoyan al gobierno. Son ingenuos o enchufados.
-Una hora ya sin energía eléctrica -dijo India en sus adentros.
No se sabe cuánto durará la interrupción. Paciencia. Mucha paciencia con el calor y los zancudos.
Hace unos cuatro meses le dio a India la virosis del zika, que la transmite un mosquito, y si se complica puede ser letal. La mujer fue llevando la enfermedad como pudo, pero un amigo suyo murió de eso hace poco.
Venezuela está en ruinas. La han dejado así las corruptelas del gobierno y su ineficacia. No hay químicos para los planes de fumigación que se hacían antes, ni de prevención de proliferación de los transmisores de chikungunya, zika y dengue; los zancudos. Se ha retrocedido en materia epidemiológica. Ni siquiera hay vacunas para los bebés recién nacidos. Han reaparecido enfermedades ya erradicadas como la malaria o la difteria. Y las instituciones públicas no emiten sus informes para tratar de esconder la realidad.
Ya paró de llover. Es posible que repongan el servicio pronto.
Poco se puede hacer sin electricidad y con lluvia. Muy poco. Sentarse bajo techo en el balcón a fresquear y a matar zancudos. La ciudad se paraliza, y si el apagón es general, el país completo queda casi muerto. Todo queda obstaculizado, desde el tránsito, hasta las tiendas, los bancos, los hospitales, todo. E incluso causa muertes.
El gobierno le echa la culpa al fenómeno metereológico de La Niña o El Niño que causa sequías y merman la capacidad de generación eléctrica del principal embalse del país, el Gury. Con tanto dinero que ha entrado a las arcas del tesoro nacional no han sido capaces de buscar alternativas. Difícil de creer. Es demasiada la corrupción y la ineptitud. Antes hasta se exportaba electricidad a países vecinos.
Durante los cortes de energía, hay que desconectar todos los aparatos eléctricos porque cuando reponen el suministro a veces llega con alto voltaje y se quema todo. Y no hay a quién reclamar.
También se producen cortes programados. Son de cuatro horas, van por zonas y varían de horario, pudiendo tocar desde las doce de la medianoche hasta las cuatro de la madrugada. La pobre gente tiene que desconectar y conectar los aparatos a esa hora sin poder dormir tranquila.
Así se vive en Venezuela. La población está agobiada, cansada y desmoralizada.
Hace unos dos o tres años, cuando la gente salió a las calles a protestar, el gobierno reprimió fuertemente las manifestaciones, violaron los derechos humanos de personas inocentes, hubo muertos, detenciones ilegales, y para no ser inculpados por delitos de lesa humanidad, crearon bandas con civiles, los llamados "colectivos armados", que hicieron y todavía hacen el trabajo sucio de represión. Si estás tranquilamente en una calle con miles de personas manifestando, llegan los colectivos disparando a mansalva y los órganos de seguridad del Estado no hacen nada para evitarlo. Actúan con total impunidad. Todavía hay muchos jóvenes detenidos ilegalmente sin haber cometido ningún delito, con procesos judiciales amañados, que llevan años encarcelados.
Y, así y todo, la gente ha salido a manifestarse hace poco a la calle en Caracas, pero las protestas han mermado mucho.
Visto desde afuera, pareciera que el venezolano es conformista; no hay comida y no protesta, no hay medicinas y se conforma, hay problemas por todas partes y la gente no se moviliza por sus derechos; pero no es tan sencillo. La represión es muy fuerte, la violación de los derechos humanos se ha institucionalizado y se han perfeccionado sus mecanismos. Es una lucha muy desigual. Quienes están gobernando actúan al margen de la ley y se apoyan en la delincuencia común.
En Venezuela se tiene tanto miedo a los policías como a los ladrones y asesinos. Son los mismos.
En esta sociedad se ha roto el contrato social. Está deshecha y pasarán años para que la situación mejore después de sacar a los malandros del poder.
Es una lástima el pobre país. Cada día más y más venezolanos huyen al extranjero. Quienes se quedan lo hacen porque no tienen cómo emigrar. Aunque también hay gente que, por más increíble que parezca, apoyan al gobierno. Son ingenuos o enchufados.
-Una hora ya sin energía eléctrica -dijo India en sus adentros.
martes, 11 de octubre de 2016
12. Susi se queda a veces sin argumentos
Susi siempre quiso ayudar a India para que pudiera vencer de una vez por todas su enfermedad. Pero, a veces, se quedaba sin argumentos y se veía obligada a decirle cosas en las que ella no creía.
La angustia y la tristeza que padecía Susi en ocasiones, procedían de un problema que estaba aún sin solucionar, aunque, al paso que iba, tendría que cargar con él el resto de la vida.
El peso de su mochila era proporcional a su incapacidad para comprender una doble coincidencia o casualidad: que existieran este mundo y ella al mismo tiempo.
Susi pensaba que la Tierra era totalmente irrelevante en medio del universo. Y también ella y su amiga.
Susi no podía llegar a comprender que el milagro de la vida hubiera surgido de la materia inorgánica; no porque ello no fuera posible, sino porque se necesitaban tomar millones y millones de desvíos para acertar el camino correcto que nos lleva a ser lo que somos.
No entendía esta complicada ingeniería universal que al final no serviría para nada, ya que la eternidad acabaría borrando para siempre las huellas de la humanidad, o de cualquier forma de vida parecida.
Tampoco comprendía porqué había sido invitada como un ser vivo provisto de un alto nivel de consciencia sin ser consultada. Obligada a muchas cosas en un mundo en el que no pueden nacer todos en el mismo sitio o en la misma época, allí donde el clima, las creencias o las condiciones de vida son las óptimas.
A Susi la desazonaba el gran complot de la vida: que un ensamblaje colosal se hubiera montado para acabar siendo tod imperfecto. Prefería no ser un ente consciente antes que pasar por este mundo sintiéndose cada vez más ignorante e impotente.
La mujer no comprendía a veces por qué caminar, si nunca se llega a ninguna parte, igual que ocurre en la cinta estática del gimnasio. No entendía que quisiéramos saber o acumular, en un mundo indescifrable e inabarcable por cualquier ser imaginado por los humanos.
Susi no podía digerir que la vida fuera bella y cruel al mismo tiempo, entre otras muchas razones porque todos viven en una esfera redonda, una forma, de entrada, inadecuada para que la totalidad de la gente disfrute el sol que más calienta en invierno.
No entendía esta complicada ingeniería universal que al final no serviría para nada, ya que la eternidad acabaría borrando para siempre las huellas de la humanidad, o de cualquier forma de vida parecida.
Tampoco comprendía porqué había sido invitada como un ser vivo provisto de un alto nivel de consciencia sin ser consultada. Obligada a muchas cosas en un mundo en el que no pueden nacer todos en el mismo sitio o en la misma época, allí donde el clima, las creencias o las condiciones de vida son las óptimas.
A Susi la desazonaba el gran complot de la vida: que un ensamblaje colosal se hubiera montado para acabar siendo tod imperfecto. Prefería no ser un ente consciente antes que pasar por este mundo sintiéndose cada vez más ignorante e impotente.
La mujer no comprendía a veces por qué caminar, si nunca se llega a ninguna parte, igual que ocurre en la cinta estática del gimnasio. No entendía que quisiéramos saber o acumular, en un mundo indescifrable e inabarcable por cualquier ser imaginado por los humanos.
Susi no podía digerir que la vida fuera bella y cruel al mismo tiempo, entre otras muchas razones porque todos viven en una esfera redonda, una forma, de entrada, inadecuada para que la totalidad de la gente disfrute el sol que más calienta en invierno.
Susi le ocultaba algunas cosas a India para no hacerle daño, aunque bien sabía que resultaba difícil engañar a una persona tan sensible y culta.
Lo que más le costaba a Susi era convencer a India para que comiera sabiendo que su compañera tenía ganas de vomitar en ese momento. Difícilmente se puede alimentar a una persona cuando no puede ni quiere tragar, a menos que la ates y la obligues igual que se hace con un pato, un capón, o un enfermo en su fase terminal.
Susi la animaba a vivir porque existir es lo más lógico y normal después de haber nacido. Hay que dejarse llevar y punto. Hemos sido programados para ello y así lo hacemos hasta ahora estadísticamente.
Susi le decía a India que se debía vivir porque no quedaba más remedio. Y que compensaba luchar para intentar encontrar la justicia, la felicidad... o algo más de igualdad.
La animaba reconociendo que este mundo era imperfecto, pero también, a veces, muy bello, tanto que no debíamos desaprovechar la ocasión que nos han ofrecido para experimentarlo.
No les quedaba más remedio que vivir si querían buscar el tesoro y no hacerle daño al otro ejerciendo la incuestionable y legítima libertad personal.
India debía buscar algo que justificara su existencia, un para qué, un propósito que la convenciera. Desde hacía unos ocho años, había perdido las esperanzas de transformar la realidad y cambiarla por otra mejor para la gente de su país.
Lo que más le costaba a Susi era convencer a India para que comiera sabiendo que su compañera tenía ganas de vomitar en ese momento. Difícilmente se puede alimentar a una persona cuando no puede ni quiere tragar, a menos que la ates y la obligues igual que se hace con un pato, un capón, o un enfermo en su fase terminal.
Susi la animaba a vivir porque existir es lo más lógico y normal después de haber nacido. Hay que dejarse llevar y punto. Hemos sido programados para ello y así lo hacemos hasta ahora estadísticamente.
Susi le decía a India que se debía vivir porque no quedaba más remedio. Y que compensaba luchar para intentar encontrar la justicia, la felicidad... o algo más de igualdad.
La animaba reconociendo que este mundo era imperfecto, pero también, a veces, muy bello, tanto que no debíamos desaprovechar la ocasión que nos han ofrecido para experimentarlo.
No les quedaba más remedio que vivir si querían buscar el tesoro y no hacerle daño al otro ejerciendo la incuestionable y legítima libertad personal.
India debía buscar algo que justificara su existencia, un para qué, un propósito que la convenciera. Desde hacía unos ocho años, había perdido las esperanzas de transformar la realidad y cambiarla por otra mejor para la gente de su país.
India siempre luchó afanosamente, desde que tuvo uso de razón, por servir a los demás ayudándolos a mejorar su calidad de vida, a erradicar la pobreza y a quitarse el yugo. Pero veía que todos sus esfuerzos eran inútiles, porque ni en su país ni en ningún lugar de este mundo existe la voluntad política de construir una sociedad justa, que nos beneficie a todos por igual, donde prime el amor al prójimo. Eso es una utopía, y siempre lo será.
Buscar el tesoro era una distracción que hacía que India se olvidase momentáneamente de tantas dificultades que axfisiaban su vida cotidiana. Aparte de eso, nada parecía tener sentido para la atormentada mujer. India entendía que Susi se quedara sin argumentos porque ambas compartían la misma manera de ver la realidad. Seguía dejándose llevar y tratando de no hacerle daño a los que la querían. Por eso, y solo por eso, seguía viviendo.
Los esfuerzos de Susi por invitarla a perseguir sus sueños la ayudaban a mantenerse a flote. Sus conversaciones y su empeño en que dibujara, pintara y escribiera, surtían efecto en la desperanzada India, que veía cómo se deterioraba cada vez más su situación personal en un país totalmente desbocado hacia el precipicio.
Los esfuerzos de Susi por invitarla a perseguir sus sueños la ayudaban a mantenerse a flote. Sus conversaciones y su empeño en que dibujara, pintara y escribiera, surtían efecto en la desperanzada India, que veía cómo se deterioraba cada vez más su situación personal en un país totalmente desbocado hacia el precipicio.
lunes, 3 de octubre de 2016
11. Desenterrar un tesoro es más peligroso de lo que parece
-Tenemos que preparar el equipaje, el detector de metales, las palas y los picos... Y hablar primero con un brujo, o un desenterrador de morocotas, o un vidente- le dijo Susi a India apresurándola.
-Ya me entrevisté con un shamán yerbatero que es mi amigo, Rafael Quintero, de El Tocuyo. Me explicó cómo tenemos que prepararnos y lo que tenemos que hacer para desenterrar el oro -respondió India tranquilizando a Susi.
Hay muchas leyendas sobre los entierros de morocotas, como, por ejemplo, que el difunto que lo escondió solo comunica el lugar exacto a la persona escogida por él a través de un sueño. En este caso, mi abuela María Aurora recibió la información para que me la transmitiera a mí al día siguiente, cuando fui a entrevistarla a su casa en Maracay.
También hay otras leyendas que hablan de pactos con el diablo de entregarle un alma o dos a cambio del tesoro. Las hay que dicen que si se apodera del entierro alguien que no es el escogido, muere, o que el oro se vuelve polvo en sus manos. Todas esas historias han sido inventadas, según me contó Rafael, el shamán, para beneficio de los brujos que se adjudican el poder de desenterrar botijas, garantizar así su negocio, y evitar que las personas vayan en su búsqueda sin contratarlos.
Las únicas condiciones para encontrar el tesoro que me dijo Rafael fueron que la persona escogida podía ir acompañada por quienes ella eligiera como ayudantes, y que debían ser personas de buen corazón que no se dejaran llevar por la avaricia. Asimismo, dicha persona tenía que compartir el tesoro con sus ayudantes a partes iguales, y todos debían hacer antes una limpieza espiritual.
-¿Qué tipo de higiene? -preguntó Susi.
-Hay que darse dos baños con infusiones de yerbas que ya me dio Rafael y, el tercero, con siete limones en remojo, que deben arrancarse del árbol sin que nadie te vea diciendo un conjuro.
-¿Y estás segura de que con esa limpieza espiritual quedaremos protegidas de todo mal?
-Susi, tienes demasiados miedos y dudas. Créeme. Será más difícil superar los obstáculos de los vivos que los de los muertos.
-¿Por qué dices eso?
-Bueno, Susi, porque esa hacienda tiene su historia.
-Todas las grandes haciendas la tienen. A ver, cuenta.
-Sí, pero esta es especial. Las escrituras de esta hacienda estaban a nombre de mi abuela María Aurora, pero al emigrar la dejó bajo el cuidado de su medio hermano Pedro Luis, casado con María Aurora de Montalbán, quien se hizo pasar por mi abuela y le firmó una venta ficticia de las cinco mil hectáreas a su hijo José Federico Montalbán, un cantor de música llanera muy famoso. Él es el usurpador y no nos dejará entrar tan fácilmente a la hacienda - dijo India.
-Ahí está lo bueno, que la lucha sea peligrosa, casi a muerte, ya que, en caso contrario, no habría aventura, en fin... sería muy fácil hacernos con el oro. Además, sería una lucha justa, y la recompensa, merecida legalmente.
-Ese señor tiene plata y poder- dijo India con preocupación.
-¡Más problemas! Tendremos que ocultarnos por el día y regresar a trabajar por la noche.
-No es tan sencillo porque el entierro está debajo de tres árboles de naranjo que forman un triángulo equilátero.
-¿Y tú cómo sabes todo eso? -preguntó Susi.
-Porque me lo dijo mi abuela.
-Me parecen demasiado precisas esas señales. Ten en cuenta que los sueños suelen ser bastante difuminados y etéreos.
-El sueño de mi abuela fue exacto y concreto - dijo India muy segura.
-No creo que tu abuela y tú estéis en lo cierto, pero no nos queda más remedio que aceptar los únicos indicios que tenemos. ¿Qué otras referencias hay? -preguntó Susi.
-Solamente los tres naranjos.
-¿Formando un triángulo equilátero perfecto?
-Sí -respondió India.
-¿Cerca de la casa?
-No muy cerca.
-¿A qué distancia exactamente?
-No lo sé.
-¿Cuándo estuviste allí la última vez?
-No he llegado nunca hasta la casa de la hacienda, no me dejaron entrar.
-¿Existen todavía los naranjos? -preguntó Susi.
-¡Qué sé yo! En esas haciendas hay cientos de árboles y mucha rotación en las plantaciones y los cultivos.
-Ya me entrevisté con un shamán yerbatero que es mi amigo, Rafael Quintero, de El Tocuyo. Me explicó cómo tenemos que prepararnos y lo que tenemos que hacer para desenterrar el oro -respondió India tranquilizando a Susi.
Hay muchas leyendas sobre los entierros de morocotas, como, por ejemplo, que el difunto que lo escondió solo comunica el lugar exacto a la persona escogida por él a través de un sueño. En este caso, mi abuela María Aurora recibió la información para que me la transmitiera a mí al día siguiente, cuando fui a entrevistarla a su casa en Maracay.
También hay otras leyendas que hablan de pactos con el diablo de entregarle un alma o dos a cambio del tesoro. Las hay que dicen que si se apodera del entierro alguien que no es el escogido, muere, o que el oro se vuelve polvo en sus manos. Todas esas historias han sido inventadas, según me contó Rafael, el shamán, para beneficio de los brujos que se adjudican el poder de desenterrar botijas, garantizar así su negocio, y evitar que las personas vayan en su búsqueda sin contratarlos.
Las únicas condiciones para encontrar el tesoro que me dijo Rafael fueron que la persona escogida podía ir acompañada por quienes ella eligiera como ayudantes, y que debían ser personas de buen corazón que no se dejaran llevar por la avaricia. Asimismo, dicha persona tenía que compartir el tesoro con sus ayudantes a partes iguales, y todos debían hacer antes una limpieza espiritual.
-¿Qué tipo de higiene? -preguntó Susi.
-Hay que darse dos baños con infusiones de yerbas que ya me dio Rafael y, el tercero, con siete limones en remojo, que deben arrancarse del árbol sin que nadie te vea diciendo un conjuro.
-¿Y estás segura de que con esa limpieza espiritual quedaremos protegidas de todo mal?
-Susi, tienes demasiados miedos y dudas. Créeme. Será más difícil superar los obstáculos de los vivos que los de los muertos.
-¿Por qué dices eso?
-Bueno, Susi, porque esa hacienda tiene su historia.
-Todas las grandes haciendas la tienen. A ver, cuenta.
-Sí, pero esta es especial. Las escrituras de esta hacienda estaban a nombre de mi abuela María Aurora, pero al emigrar la dejó bajo el cuidado de su medio hermano Pedro Luis, casado con María Aurora de Montalbán, quien se hizo pasar por mi abuela y le firmó una venta ficticia de las cinco mil hectáreas a su hijo José Federico Montalbán, un cantor de música llanera muy famoso. Él es el usurpador y no nos dejará entrar tan fácilmente a la hacienda - dijo India.
-Ahí está lo bueno, que la lucha sea peligrosa, casi a muerte, ya que, en caso contrario, no habría aventura, en fin... sería muy fácil hacernos con el oro. Además, sería una lucha justa, y la recompensa, merecida legalmente.
-Ese señor tiene plata y poder- dijo India con preocupación.
-¡Más problemas! Tendremos que ocultarnos por el día y regresar a trabajar por la noche.
-No es tan sencillo porque el entierro está debajo de tres árboles de naranjo que forman un triángulo equilátero.
-¿Y tú cómo sabes todo eso? -preguntó Susi.
-Porque me lo dijo mi abuela.
-Me parecen demasiado precisas esas señales. Ten en cuenta que los sueños suelen ser bastante difuminados y etéreos.
-El sueño de mi abuela fue exacto y concreto - dijo India muy segura.
-No creo que tu abuela y tú estéis en lo cierto, pero no nos queda más remedio que aceptar los únicos indicios que tenemos. ¿Qué otras referencias hay? -preguntó Susi.
-Solamente los tres naranjos.
-¿Formando un triángulo equilátero perfecto?
-Sí -respondió India.
-¿Cerca de la casa?
-No muy cerca.
-¿A qué distancia exactamente?
-No lo sé.
-¿Cuándo estuviste allí la última vez?
-No he llegado nunca hasta la casa de la hacienda, no me dejaron entrar.
-¿Existen todavía los naranjos? -preguntó Susi.
-¡Qué sé yo! En esas haciendas hay cientos de árboles y mucha rotación en las plantaciones y los cultivos.
martes, 27 de septiembre de 2016
10. India cuenta que hay un gran tesoro enterrado
María Ignacia, la tatarabuela de India, era una indígena yaruro que emigró de las riberas del río Mastranto arriba para establecerse en la localidad de San Carlos de Simare, en los llanos venezolanos.
Su pareja era Francisco (Pancho) Contreras, un español emigrado que vivía en la misma ciudad.
María Ignacia era indomable.
Según las historias que recopiló India en el llano hace algunos años cuando investigaba sus propias raíces, se dice que María Ignacia orinaba parada, iba en canoa a todas partes, y era buena con el arco y la flecha. Muy buena. Tanto que cazaba garzas para quitarles las plumas y venderlas.
En lo referente a mear de pie, tenía mucha práctica y experiencia. Simplemente abría las piernas y levantaba las faldas con una mano. Con la otra separaba los labios menores de la vagina para poder orientar el chorro hacia donde quisiera. Y tenía gran precisión, incluso más que los varones.
Los que la conocían decían que era capaz de acertarle en uno de los ojos a un sapo, un ratón o una peligrosa serpiente. Y que cualquiera de ellos se retiraba al notar el calor y el escozor proyectados a tanta presión y con tan mala intención, mientras a ella no le corría ni una sola gota de orina por las piernas.
María Ignacia tuvo doce hijos, entre los que se contaban Isidoro, el bisabuelo de India, y el famoso arpista conocido en toda Venezuela, Ignacio "Indio Figueredo". Ambos hermanos eran inseparables y además compartían amistad con un llanero de los esteros de Pariaguán, Dionisio González, quien los acompañaba cada vez que se armaba una fiesta llanera en alguno de los pueblos de la región. Pancho Contreras, Dionisio y los músicos que acompañaban al Indio Figueredo, se hicieron grandes compañeros de parrandas.
Estas fiestas solían durar tres días seguidos con sus noches, por lo que María Ignacia Figueredo salía en su bongo a buscar a su marido por los pueblos de las riberas del río Simare y, cuando lo encontraba, lo traía a rastras hasta la casa una vez que lo sacaba de la canoa con todo su cuerpo convertido en peso muerto.
Estas fiestas solían durar tres días seguidos con sus noches, por lo que María Ignacia Figueredo salía en su bongo a buscar a su marido por los pueblos de las riberas del río Simare y, cuando lo encontraba, lo traía a rastras hasta la casa una vez que lo sacaba de la canoa con todo su cuerpo convertido en peso muerto.
Dionisio González conoció a María Aurora Montalbán, porque era hija de Isidoro y de Eduarda Montalbán. Al ser nacida fuera del matrimonio, no llevaba el apellido Figueredo. Se enamoró perdidamente de ella, y años después se casaron.
Por su parte, Isidoro amaba entrañablemente a Eduarda, la madre de María Aurora y bisabuela de India, y vivía con ella en la hacienda de 5.000 hectáreas y 3.000 cabezas de ganado que le legó al morir. Eduarda, por cosas del destino, no la pudo disfrutar. Como tampoco disfrutó las monedas de oro que se acuñaban antiguamente llamadas morocotas, y que dejó Isidoro al morir. Como no existían bancos en los campos, la gente acostumbraba enterrarlas bajo tierra en las haciendas. Isidoro había reunido una gran cantidad de morocotas, producto de su trabajo duro en la hacienda y de la venta del ganado.
En el lecho de muerte, Isidoro estaba en el fundo Los Merecures con Eduarda. Quería contarle antes de morir dónde había enterrado las morocotas, pero en la casa de la hacienda estaban también los hijos y sobrinos de Isidoro, esperando noticias sobre las morocotas, y no dejaron ni un momento a solas a la pareja, hasta que Isidoro dio su último respiro.
Eduarda preparó todo para el viaje de varios días con el fin de trasladar el cadáver hasta la capital para ser enterrado.
Al regresar al fundo Los Merecures, se encontró con que todos se habían marchado, no sin antes derrumbar las paredes de la casa de adobes buscando el tesoro, pero no lo consiguieron. Nunca se encontraron esas morocotas.
Muchos años después, India, al hacer un trabajo de investigación cultural sobre sus ancestros, entrevistó a su abuela María Aurora Montalbán de González, quien ya había emigrado hacía muchos años al centro del país. María le contó la historia, y le dijo:
Por su parte, Isidoro amaba entrañablemente a Eduarda, la madre de María Aurora y bisabuela de India, y vivía con ella en la hacienda de 5.000 hectáreas y 3.000 cabezas de ganado que le legó al morir. Eduarda, por cosas del destino, no la pudo disfrutar. Como tampoco disfrutó las monedas de oro que se acuñaban antiguamente llamadas morocotas, y que dejó Isidoro al morir. Como no existían bancos en los campos, la gente acostumbraba enterrarlas bajo tierra en las haciendas. Isidoro había reunido una gran cantidad de morocotas, producto de su trabajo duro en la hacienda y de la venta del ganado.
En el lecho de muerte, Isidoro estaba en el fundo Los Merecures con Eduarda. Quería contarle antes de morir dónde había enterrado las morocotas, pero en la casa de la hacienda estaban también los hijos y sobrinos de Isidoro, esperando noticias sobre las morocotas, y no dejaron ni un momento a solas a la pareja, hasta que Isidoro dio su último respiro.
Eduarda preparó todo para el viaje de varios días con el fin de trasladar el cadáver hasta la capital para ser enterrado.
Al regresar al fundo Los Merecures, se encontró con que todos se habían marchado, no sin antes derrumbar las paredes de la casa de adobes buscando el tesoro, pero no lo consiguieron. Nunca se encontraron esas morocotas.
Muchos años después, India, al hacer un trabajo de investigación cultural sobre sus ancestros, entrevistó a su abuela María Aurora Montalbán de González, quien ya había emigrado hacía muchos años al centro del país. María le contó la historia, y le dijo:
-Hija (nieta) yo justamente anoche soñé con mi papá Isidoro y me contó dónde estaba enterrada la botija... Y si usted es la única de la descendencia de nosotros que anda detrás de esas historias, es porque esas morocotas son para usted. Vaya y búsquelas.
Y así fue como India supo dónde buscar las morocotas. Ella es la única de la familia a quien su abuela le confió el lugar.
Varios meses después, India planificó un viaje para ir a buscar las morocotas, y contrató a un chofer que la ayudaría a desentetrarlas, pero no pudo llegar al sitio del entierro. El carro se dañó misteriosamente.
Ya ella había escuchado que no es fácil desenterrar una botija con monedas de oro. Se te presentan muchas dificultades que debes superar hasta lograrlo, porque esos entierros, según le había contado su abuela María Aurora, eran custodiados por seres del más allá.
-¿Por el diablo?- le preguntó Susi a India.
-No, por espíritus.
-Me gustaría ir a por ellas- dijo Susi.
-¡Seríamos multimillonarias! -agregó India.
-¿Te dejaron algún mapa?
-No - respondió India.
-¿Solo tienes las coordenadas de un sueño?- le inquirió Susi.
-Sí, solo señales- dijo India.
Varios meses después, India planificó un viaje para ir a buscar las morocotas, y contrató a un chofer que la ayudaría a desentetrarlas, pero no pudo llegar al sitio del entierro. El carro se dañó misteriosamente.
Ya ella había escuchado que no es fácil desenterrar una botija con monedas de oro. Se te presentan muchas dificultades que debes superar hasta lograrlo, porque esos entierros, según le había contado su abuela María Aurora, eran custodiados por seres del más allá.
-¿Por el diablo?- le preguntó Susi a India.
-No, por espíritus.
-Me gustaría ir a por ellas- dijo Susi.
-¡Seríamos multimillonarias! -agregó India.
-¿Te dejaron algún mapa?
-No - respondió India.
-¿Solo tienes las coordenadas de un sueño?- le inquirió Susi.
-Sí, solo señales- dijo India.
viernes, 23 de septiembre de 2016
9. Cáscara de plátano y otros platos para combatir la hambruna venezolana
-En Venezuela la crisis y la escasez de alimentos son muy fuertes, por lo que algunos recurren a la concha o cáscara de plátano. Normalmente se tiraba a la basura, pero ahora se aprovecha para preparar diversos platos -dijo India al interesarse Susi por las cosas que comía su amiga todos los días.
-¿Y qué más aprovecháis? -insistió Susi desde España.
-Pienso para gatos, o gatarina cocida espolvoreada con harina de cáscara de huevo, que tiene mucho calcio y minerales.
Aire estofado.
Agua cocida desnatada.
Revuelto de sobras en las cenas.
Como ya he dicho, cáscara de plátano en juliana. O enteras, de primer plato, asadas a la plancha por un lado. De segundo, también enteras a la plancha, pero asadas por la otra cara.
Pan duro con aceite de palma.
Arepa untada con grasa añeja extraída con una cucharilla de los rincones y las juntas del lavaplatos, pendiente de reparar desde hace muchos meses.
Arepa untada con grasa añeja extraída con una cucharilla de los rincones y las juntas del lavaplatos, pendiente de reparar desde hace muchos meses.
Dibujos cocidos de jamón serrano.
Menestra de foto de verduras.
Pompas de aire rellenas de olor a rico pastel.
Menestra de foto de verduras.
Pompas de aire rellenas de olor a rico pastel.
Plastilina comestible con la que juegan los niños.
Caviar de bolitas de cera de los oídos o de la nariz.
Sueños de marisco.
Sueños de marisco.
Pesadillas de jamón.
Espejismos de entrecot.
Alucinaciones de lomo ibérico.
Sopa de agua oxigenada con aceite de la máquina de coser.
Pechuga de zancudo.
Sopa de agua oxigenada con aceite de la máquina de coser.
Pechuga de zancudo.
Cucaracha en escabeche.
Tuqueque (lagartija) asada con gelatina de la más barata.
Tuqueque (lagartija) asada con gelatina de la más barata.
Fotocopia al horno de lomo de salmón.
Pastel impreso en 3D con arcilla roja muy fina.
Sopa de letras.
Rollitos de papel tierno de servilleta rellenos con valvulina de motor para quienes no tengan problemas de estómago.
Aroma de queso embotellado.
Calamares fritos dibujados con su tinta.
Pastel impreso en 3D con arcilla roja muy fina.
Sopa de letras.
Rollitos de papel tierno de servilleta rellenos con valvulina de motor para quienes no tengan problemas de estómago.
Aroma de queso embotellado.
Calamares fritos dibujados con su tinta.
Pájaros hambrientos o despistados en los alambres de tender la ropa o en los bordes de los techos, atrapados con redes, o lanzándoles trapos mojados desde escondites construidos con estructura ligera de madera y papel reciclado de embalar.
Ratas confiadas en que nunca les ha pasado nada a altas horas de la madrugada, asesinadas con los cauchos de los carros.
Gatos y canarios.
Loros y serpientes.
Los curíes de siempre.
Perros desahuciados tras la muerte de sus amos.
Toda clase de anfibios que se muevan en las aguas de los pantanos, de las lagunas y de los charcos, principalmente ranas y sapos muy repugnantes.
Conejos de los parques, cazados con disparos o refinadas trampas.
Lombrices.
En general, aves que se esconden en los árboles y también sus huevos batidos, o fritos.
Peces salvajes.
Carne de rumiantes robados en las granjas.
Verduras de las huertas ajenas.
Alimentos sustraídos en los pipotes de la basura de los supermercados.
Monos asados.
Toda clase de insectos y gusanos.
Pastel de morrocoy mascota.
Helados de agua destilada.
Helados de agua destilada.
Murciélagos de las casas en ruinas.
Aguardiente destilado de restos de verduras y semillas de las frutas.
Aroma embotellado de churrasco hecho con fuego auténtico de leña. Infusiones realizadas con toda clase de trapos: coges la tela, la dejas toda la noche en remojo, en la mañana la exprimes y listo. Todo va a depender de lo que haya limpiado o absorvido el trapo.
Infusión de calcetín.
Mate de braga.
Cocido de números.
Estofado de signos.
Revuelto de notas cazadas al vuelo con flechas envenenadas.
Ensalada de puntos y comas.
Anca o jamón de sirena. Es una mezcla de carne y pescado, y se llama carpez. Por afuera tiene escama y cuero a la vez.
Cocido de números.
Estofado de signos.
Revuelto de notas cazadas al vuelo con flechas envenenadas.
Ensalada de puntos y comas.
Anca o jamón de sirena. Es una mezcla de carne y pescado, y se llama carpez. Por afuera tiene escama y cuero a la vez.
El carpez es una carne apreciada en el mundo entero. Se puede comer cruda, ahumada o curada. Pero solo se permite el consumo de la sirena de piscifactoría, más insípida y con la carne menos prieta.
-Una pregunta -dijo Susi.
-Dime -contestó India.
-¿Las sirenas tienen estructuras cartilaginosas, espinas o huesos? -preguntó Susi.
-Las tres cosas. En los brazos, la columna, la cadera y la cabeza tienen huesos. En el resto del cuerpo tienen espinas como los peces. Es que los peces tienen huesos, ¿sabes?
-Sí, es verdad. Tienen vértebras. Se les ven muy bien a las sardinas enlatadas.
¿Y cuál es el macho de la sirena?
-El sireno -contestó India.
-Sir Eno, jajaja, me meo.
-¿Las sirenas tienen estructuras cartilaginosas, espinas o huesos? -preguntó Susi.
-Las tres cosas. En los brazos, la columna, la cadera y la cabeza tienen huesos. En el resto del cuerpo tienen espinas como los peces. Es que los peces tienen huesos, ¿sabes?
-Sí, es verdad. Tienen vértebras. Se les ven muy bien a las sardinas enlatadas.
¿Y cuál es el macho de la sirena?
-El sireno -contestó India.
-Sir Eno, jajaja, me meo.
-¿La sirena es un mamífero? -preguntó India.
-Sí -contestó Susi.
¿Dónde tiene Sir Eno el aparato reproductor?
-En la aleta anal -afirmó India.
-Yo pensé que los sirenos llevaban todo colgando como los humanos, pero después me quedé pensando y me dije: "Peligroso y doloroso si se los pilla una nécora con las pinzas".
¡Me meo de la risa!
-¿Qué es una nécora? -dijo India.
-Un cangrejo de mar que tiene tenazas potentes y muy grandes. ¡Unas pinzas capaces de romper un coco!
A sir Eno no le queda más remedio que llevarlos protegidos dentro del cuerpo. ¡Ah!, y otra cosa, llevarlos colgando no sería tampoco muy aerodinámico en el agua.
Imagínate que se los retuerce un pulpito.
-Sí -contestó Susi.
¿Dónde tiene Sir Eno el aparato reproductor?
-En la aleta anal -afirmó India.
-Yo pensé que los sirenos llevaban todo colgando como los humanos, pero después me quedé pensando y me dije: "Peligroso y doloroso si se los pilla una nécora con las pinzas".
¡Me meo de la risa!
-¿Qué es una nécora? -dijo India.
-Un cangrejo de mar que tiene tenazas potentes y muy grandes. ¡Unas pinzas capaces de romper un coco!
A sir Eno no le queda más remedio que llevarlos protegidos dentro del cuerpo. ¡Ah!, y otra cosa, llevarlos colgando no sería tampoco muy aerodinámico en el agua.
Imagínate que se los retuerce un pulpito.
-¿Qué es es un púlpito marino? -preguntó India.
-Un pulpito, no un púlpito.
-Un pulpito, no un púlpito.
Es muy peligroso andar con los huevos al agua. Los pulpos desde que aprietan las cosas con sus tentáculos ya no las sueltan.
-¡Jajaja! Pobre Sir Eno -dijo India.
¿Cómo se llama la cooperacion entre dos animales para beneficiarse recíprocamente?
-Simbiosis.
-El pulpo y Sir Eno practican entonces una relación de simbiosis.
-¿Cómo es éso? -preguntó India.
-Cuando la sirena no está en celo, ellos dos se benefician mutuamente. Pero no te diré cómo.
-¡Jajaja! Pobre Sir Eno -dijo India.
¿Cómo se llama la cooperacion entre dos animales para beneficiarse recíprocamente?
-Simbiosis.
-El pulpo y Sir Eno practican entonces una relación de simbiosis.
-¿Cómo es éso? -preguntó India.
-Cuando la sirena no está en celo, ellos dos se benefician mutuamente. Pero no te diré cómo.
jueves, 22 de septiembre de 2016
8. Dos muertes en el mismo día
India estaba muy triste cuando Susi contactó con ella. Su pena y decaimiento tenían dos motivos. Había fallecido inesperadamente una amiga muy querida, y se había oficializado la dictadura en Venezuela, es decir, la democracia no estaba ya moribunda, sino definitiva e irreversiblemente difunta.
La desaparicion de su amiga podía tolerarla con resignación. Todos vamos a morir algún día, y solo necesitamos estar vivos. Duele y es triste, pero hay que aceptarlo como parte inherente de este mundo al que nos han traído. Pero, lo otro, la muerte de la democracia y la legalización de la dictadura en Venezuela, no se puede aceptar como si del destino se tratase, porque proviene de la decisión arbitraria del gobierno antidemocrático que impera en el país.
A mitad del período del cargo de Presidente de la República existe un derecho a solicitar y realizar referendo revocatorio. Si se efectúa en ese período y se revoca al Presidente, se llevan a cabo elecciones para un nuevo período de gobierno. Con la situación de crisis humanitaria que está atravesando Venezuela, los chavistas que están en el poder, con Maduro a la cabeza, saben que van a perder.
Si el referendo se realiza después de cumplirse la mitad del período y se revoca al Presidente, no hay elecciones, sino que lo sustituye el Vicepresidente (nombrado por el Presidente) hasta que termine el período presidencial en 2019.
Y todo eso lo han venido planificando y llevando a cabo al demorar durante ocho meses la solicitud de referendo con artimañas. La más descarada ha sido decretar una supuesta emergencia energética que se paliaría ahorrando energía si solo se trabajaban dos días a la semana.
Así lo hicieron. Los funcionarios solo fueron a las oficinas los lunes y martes durante meses, con lo que los días laborables se redujeron también para el organismo encargado de tramitar la solicitud del referendo. Alargaron los lapsos cada vez que les vino en gana, con total impunidad y arbitrariedad. Porque ejercen el poder autocráticamente.
Mientras tanto, el mal gobierno y la corrupcción han acabado con la poca producción nacional de alimentos, y ahora que ha bajado el precio y la extraccion de petróleo, ya no alcanza para comprar en el exterior lo que antes se producía aquí, ni siquiera lo que necesita la población para subsistir, como las medicinas y los alimentos, entre otros rubros.
Aparte de esto, tampoco se celebrarán las elecciones de gobernadores que corresponde realizar en diciembre, porque coincide con el proceso del referendo revocatorio. Quién sabe qué artimaña usarán para que también los gobernadores se perpetúen en sus cargos.
Mientras muere la democracia en Venezuela, el mundo mira hacia otro lado, y la tristeza invade a India y a la mayoría de los venezolanos.
Que ondee, pues, la bandera de la libertad y la justicia, a partir de ahora, a media asta.
7. India tiene que dejar su casa de Acarigua
India había recogido lo más esencial para la mudanza a la casa familiar.
Tuvo que sacar todo para acomodarlo en la maletera y el asiento trasero del carro de su hermana Ángela. También se llevaba a su perrito Leo.
El carro iba lleno hasta el techo. No cabía nada más.
Mientras recorrían el camino, India se sentía triste por dejar su casa, el hogar donde había vivido los últimos ocho años, donde había sido independiente y feliz. Y, por otro lado, también tenía muchas expectativas de lograr concretar proyectos con su hermana en la casa familiar, luego de vender la suya.
La vivienda de las cinco hermanas en Santa Ana estaba muy bien ubicada y querían aprovechar el hermoso jardín para instalar un restaurant.
Además, tenían otros proyectos que nunca se pudieron concretar porque la situación del país comenzó a deteriorarse. La escasez y la hiperinflación habían comenzado.
Fue entonces cuando, sin pensarlo mucho, decidió llamar de nuevo a Susi, que vivía tranquila en España sin muchos problemas.
Chateaban todos los días porque India necesitaba atención y cariño debido a las penas que la aquejaban. La ansiedad se le había convertido en un trastorno.
Susi era buena, y por eso nunca se cansaba de apoyarla.
En el fondo la quería, y pronto formó parte de la familia.
Pero llegó un momento en que Susi se convirtió en una sumisa terapeuta a distancia. Y todo porque no soportaba que India sufriera.
Las sesiones de relajación de India las dirigía Susi desde España.
Las dos se echaban en sus respectivas camas a siete mil kilómetros de distancia, con los brazos y las piernas abiertas.
Susi le decía a India que cerrara los ojos, e India obedecía. Y ya no podía volver a abrirlos aunque quisiera, sino hasta que Susi se lo permitiera de nuevo.
Estas sesiones conseguían su objetivo. Rebajar la ansiedad de India de nueve a tres, de siete a dos, de cuatro a uno... en una escala de cero a diez.
Pero India no tenía con qué pagarlas, así que Susi decidió que debía dibujar, escribir o caminar para saldar las deudas.
Se puede pensar que pagar con esa moneda es muy fácil, pero no; no es cierto. Cuando se está realmente enferma, resulta muy difícil existir, porque existir significa sentir que no se tienen ganas de vivir, y no tener ganas de nada es... estar siempre harta, a punto de vomitar.
Cuando se está llena de todo, lo único que apetece es saciarse con la muerte, y hacerlo bien, no de una forma chapucera, como lo intenta mucha gente que no tiene ni la más mínima idea.
-El suicidio está ahí y hay que hablar de él para que no se quede enquistado y se convierta en un tumor malo - le decía Susi a India algunas veces.
Hay, incluso, que tratarlo con humor e ironía. Reírse de él, si llega el caso. Porque mientras te ríes, te alejas del peligro.
Susi le contó a India que, en cierta ocasión, escribió un artículo para un periódico sobre el suicidio. Susi pasó tres noches sin dormir hasta que, por fin, le salió algo con cierto sentido.
No quería escribir un supositorio de moralina. Ni disparar con la pistola de la compasión. Ni mostrar estadísticas. Ni desatar pena hacia esas personas. Ni convencerlas, porque, en el fondo, tienen razón.
Y, por fin, Susi se puso a escribir. Era un artículo cargado de humor negro, ironía y vida, ya que también provocaba risa.
En él, no le reclamaba nada a los políticos ni a la Administración, que siempre andan más pendientes de su salud que de la de los otros.
Se titulaba así: "Cómo evitar un suicidio chapucero".
El artículo iba dirigido a todo tipo de usuarios.
Recomendaba, por ejemplo, que era mejor una buena sobredosis de sexo loco y ron, que una lenta y aburrida cirrosis.
También recomendaba la escalada en roca sin cuerda, antes que el puenting.
El puenting no solía dar buen resultado. Principalmente cuando el río baja con demasiado caudal.
Para que el puenting sea un método efectivo tiene que estar el lecho casi seco, y las piedras no deben ser cantos rodados, sino angulosa roca caliza.
De esa manera se consigue un buen hostiazo.
Había que ser comprensible con la Administración, y no provocar más gasto sanitario que pagarían todos los ciudadanos.
El suicidio debía ser económico y limpio y no ocasionar gastos de hospitalización ni complejas operaciones de búsqueda.
Los perros, mejor emplearlos en los terremotos, en los sepultados bajo la nieve o el lodo, o en la búsqueda de excursionistas atontados que no saben ni siquiera donde está el norte.
En el artículo también se recomendaba usar el horno crematorio en vez de la playa, pues era mejor también para las arcas del Estado.
Usando el horno solo se gastaba un poco de gasoil, aunque el sistema fuera algo doloroso al principio. Pero compensaba. Compensaba porque el melanoma, a la larga, era mucho más terrible y doloroso.
En el artículo tampoco se recomendaba el lento suicidio provocado por intoxicación alimentaria. Mucho mejor un empacho mortal a base de mariscadas reogadas con un buen vino blanco. O tinto, con una pota entera de cocido gallego. Y, al terminar, otra, y otra... hasta que saltan los ojos igual que los tapones de champán en Navidad.
Todo eso mejor que un goteo lento del veneno que va en las bebidas azucaradas o las grasas saturadas, el aceite de palma...
Susi recomendó también morir tras un largo ayuno en la tienda de campaña, en el bosque, con una buena fuente al lado; antes que mendigar un puesto de trabajo de un par de horas diarias, con flexibilidad horaria, sin dietas, y coche propio para los desplazamientos.
En el artículo tampoco se recomendaba el lento suicidio provocado por intoxicación alimentaria. Mucho mejor un empacho mortal a base de mariscadas reogadas con un buen vino blanco. O tinto, con una pota entera de cocido gallego. Y, al terminar, otra, y otra... hasta que saltan los ojos igual que los tapones de champán en Navidad.
Todo eso mejor que un goteo lento del veneno que va en las bebidas azucaradas o las grasas saturadas, el aceite de palma...
Susi recomendó también morir tras un largo ayuno en la tienda de campaña, en el bosque, con una buena fuente al lado; antes que mendigar un puesto de trabajo de un par de horas diarias, con flexibilidad horaria, sin dietas, y coche propio para los desplazamientos.
En el bosque, por lo menos, conservas tu dignidad, mientras bebes agua fresca y escuchas gratuitamente el trino alegre de los pájaros.
Susi afirmaba en el artículo que no hay chapuza más grande que llegar al hospital a pie, y con mucho más dolor que antes. El del alma sumado al que produce un buen leñazo en los riñones, después de caer en el río sobre los cantos rodados, allá abajo, al lado del primer arco del puente.
Todo esto fue lo que escribió Susi en el artículo de prensa.
Susi afirmaba en el artículo que no hay chapuza más grande que llegar al hospital a pie, y con mucho más dolor que antes. El del alma sumado al que produce un buen leñazo en los riñones, después de caer en el río sobre los cantos rodados, allá abajo, al lado del primer arco del puente.
Todo esto fue lo que escribió Susi en el artículo de prensa.
Susi siempre fue partidaria de la eutanasia.
Y, con respecto al suicidio, nunca quiso convencer a nadie de que era mejor comer cuando está subiendo el vómito. Si lo hizo, fue con argumentos vacíos.
martes, 20 de septiembre de 2016
6. Javier de la Cruz Pérez, el Cid Puyador o Perico Metralleta.
Tras dos años de comunicación, Susi dejó de hablar con India. Al llegar a casa; su padre, su marido y su suegra le requerían todo el tiempo libre, y cuando se daba cuenta, era ya muy tarde.
India no se lo tomó mal ni le reprochó nada a Susi. Sabía que, tarde o temprano, ello ocurriría.
Susi guardaba un grato recuerdo de India, persona que estuvo muy necesitada afectivamente desde que intentó suicidarse. Pero de lo que más disfrutó fue de las historias que India le contaba, especialmente de la noche de los once polvos.
Susi la conservaba aún en el chat. En ella, ambas mujeres hablaron así:
-Perdona, pero es casi la onceava vez que te pregunto si las contaste -dijo Susi.
-¿Acaso dudas de mí? -contestó India.
-No, pero me parece un cosa fuera de serie, algo que no es de este mundo terrenal y que no se lo creerá nadie.
-No te engaño, ni conté mal. Fueron once, o diez y la propina, y todos con ella igual de dura, de principio a final.
-¡Menuda fiesta! -dijo Susi-. Podía satisfacer a once mujeres, más de una vez a media docena, o...
-Le salen muchos tipos de cuentas. No dudo que haya hecho alguna vez lo que dices -respondió India.
-¿Durante tu matrimonio?
-No. Después de que la mujer lo dejó -agregó India.
-¡Hagan cola y agarren su número! ¡Jajaja! ¡Y las últimas no se quejen si faltan unos milímetros de su tamaño reglamentario. Sean comprensivas, por favor.
-No. Después de que la mujer lo dejó -agregó India.
-¡Hagan cola y agarren su número! ¡Jajaja! ¡Y las últimas no se quejen si faltan unos milímetros de su tamaño reglamentario. Sean comprensivas, por favor.
-No te creas que perdía dureza -aclaró India.
-¡Qué bárbaro! ¡Qué fenómeno! Ni que tuviera una prótesis interna accionada con bombín ¡Jajaja! ¡Eso debía ser tan potente como el basculante de un camión! -dijo Susi ensalzando la función del miembro de Javier.
-¡Qué bárbaro! ¡Qué fenómeno! Ni que tuviera una prótesis interna accionada con bombín ¡Jajaja! ¡Eso debía ser tan potente como el basculante de un camión! -dijo Susi ensalzando la función del miembro de Javier.
-Yo no sé si lo habré idealizado con los años, pero así lo recuerdo -agregó India.
-¡A ver si en realidad era un pepino que traía siempre escondido!
-¡Jajaja! Te gusta el tema, ¿no? -preguntó India.
-Sí. ¡Menudo fenómeno!
-¿Y nunca has tenido una experiencia parecida? -preguntó India.
-Difícil encontrar a un hombre como ése en el mundo terreno. Con un novio lo hice seis veces. Pero al día siguiente bajó mucho la cosa.
-Pues mi marido podía hacerlo a diario. Después de la primera noche, cuatro meses seguidos de cinco a seis todos los días. ¡Era una máquina! Yo me imagino que eso tiene sus ventajas y desventajas -agregó India.
-¡Tu Javier se confundió de oficio!
Si en vez de producir tomates, alquila el pepino, ahora estaría forrado de dólares.
-¡Jajaja! -rió India-. Pero, como te decía, tiene sus desventajas. Es como una enfermedad.
-¿Desventajas para quién? -preguntó Susi.
-Para él, porque si no tiene mujer debe buscarla obligatoriamente como sea y donde sea.
-O matarse a pajas escondido detrás de unos matorrales o unos cañaverales -aportó Susi.
-¡Jajaja! Pobre. Cuántas no se habrá hecho en su vida.
-Pues multiplica, a diez por día... suficiente para una buena quesería.
-¡A ver si en realidad era un pepino que traía siempre escondido!
-¡Jajaja! Te gusta el tema, ¿no? -preguntó India.
-Sí. ¡Menudo fenómeno!
-¿Y nunca has tenido una experiencia parecida? -preguntó India.
-Difícil encontrar a un hombre como ése en el mundo terreno. Con un novio lo hice seis veces. Pero al día siguiente bajó mucho la cosa.
-Pues mi marido podía hacerlo a diario. Después de la primera noche, cuatro meses seguidos de cinco a seis todos los días. ¡Era una máquina! Yo me imagino que eso tiene sus ventajas y desventajas -agregó India.
-¡Tu Javier se confundió de oficio!
Si en vez de producir tomates, alquila el pepino, ahora estaría forrado de dólares.
-¡Jajaja! -rió India-. Pero, como te decía, tiene sus desventajas. Es como una enfermedad.
-¿Desventajas para quién? -preguntó Susi.
-Para él, porque si no tiene mujer debe buscarla obligatoriamente como sea y donde sea.
-O matarse a pajas escondido detrás de unos matorrales o unos cañaverales -aportó Susi.
-¡Jajaja! Pobre. Cuántas no se habrá hecho en su vida.
-Pues multiplica, a diez por día... suficiente para una buena quesería.
Un honor para el pueblo de San Vicente tener un semental tan valeroso, potente y valiente.
-¡Jajaja!Le deberían dedicar una calle. Capaz si tú fueras el alcalde lo condecorarías -dijo India.
-No, porque seguro que también se habría tirado a mi mujer.
-¡Jajaja! -rió India.
-¡Jajaja!Le deberían dedicar una calle. Capaz si tú fueras el alcalde lo condecorarías -dijo India.
-No, porque seguro que también se habría tirado a mi mujer.
-¡Jajaja! -rió India.
-Aún así, le dedicaría una calle, una plaza o, mejor aún, un monolito o una fuente, muy apropiados para la ocasión, los últimos dos.
-¡Jajaja!Me meo de la risa. Bueno, entonces que se sepa la verdad de una vez por todas y se le reconozcan sus méritos -dijo India.
-Sus méritos son dignos de figurar en la enciclopedia venezolana al lado de otras grandes pero mucho menores y valerosas gestas.
-¡Jajaja!Me meo de la risa. Bueno, entonces que se sepa la verdad de una vez por todas y se le reconozcan sus méritos -dijo India.
-Sus méritos son dignos de figurar en la enciclopedia venezolana al lado de otras grandes pero mucho menores y valerosas gestas.
Ya quisisera Camilo José Cela ser testigo de tu confesión y vivir para hacerte un exaustivo interrogatorio, igual que cuando investigó el caso del Cipote de Archidona ¿Lo conoces?
-No, no lo conozco -contestó India.
-Aquello también fue memorable, pero nada comparable con la magnitud y la funcionalidad del muy servicial órgano de tu marido.
Lo de Archidona fue solo un disparo y un récord balístico, aunque de muy buenos parámetros y peores consecuencias.
Pero esto que me cuentas es diferente. Es un combate a once asaltos sin descansos. ¿Te imaginas que hubiéramos estado esa noche las dos con él y que hubiéramos colaborado para mantenerlo erecto mucho más tiempo?
-No, no lo conozco -contestó India.
-Aquello también fue memorable, pero nada comparable con la magnitud y la funcionalidad del muy servicial órgano de tu marido.
Lo de Archidona fue solo un disparo y un récord balístico, aunque de muy buenos parámetros y peores consecuencias.
Pero esto que me cuentas es diferente. Es un combate a once asaltos sin descansos. ¿Te imaginas que hubiéramos estado esa noche las dos con él y que hubiéramos colaborado para mantenerlo erecto mucho más tiempo?
¿Tú que opinas? ¿12? ¿14?...
En fin. Yo propongo que la calle se llame Perico Metralleta, porque también los carneros abastecen a unas doce o más ovejas -concluyó Susi.
En fin. Yo propongo que la calle se llame Perico Metralleta, porque también los carneros abastecen a unas doce o más ovejas -concluyó Susi.
-Y yo, Javier de la Cruz Pérez, el Cid Puyador, nombre singular y sufrido al mismo tiempo, épico y valeroso, reconquistador de todos los coños, el gran eyaculador, el noble guerrero de los once polvos, el poderoso libertador, el barrenador, el gran surtidor...
-Menuda pareja nos hemos juntado, jajaja. Me meo de tanto reirme. Menos mal que tenías sueño, Susi, ya van a ser las dos y media de la madrugada.
-Menuda pareja nos hemos juntado, jajaja. Me meo de tanto reirme. Menos mal que tenías sueño, Susi, ya van a ser las dos y media de la madrugada.
¿Lo llevamos a pleno y así deciden todos los miembros?
-Esto reanima a los muertos, ¡jajaja!
-¡Jajaja! -rió India a carcajada limpia.
-La verdad es que resulta muy difícil topar con alguien que lo tenga todo al mismo tiempo: un miembro de tamaño generoso y una función poderosa, propia de las armas de repeticion.
Imagínate un miembro de lo mejor con eyaculación precoz.
-La de mi marido no era precoz. Era normal. Aquella noche lo inundó todo. Y manaba muy caliente.
-Esto reanima a los muertos, ¡jajaja!
-¡Jajaja! -rió India a carcajada limpia.
-La verdad es que resulta muy difícil topar con alguien que lo tenga todo al mismo tiempo: un miembro de tamaño generoso y una función poderosa, propia de las armas de repeticion.
Imagínate un miembro de lo mejor con eyaculación precoz.
-La de mi marido no era precoz. Era normal. Aquella noche lo inundó todo. Y manaba muy caliente.
-No me entiendes. Digo que lo tiene todo. Miembro y función. El miembro sin la función solo sirve de adorno, para recibir caricias y falsos elogios.
-¿Y al revés? ¿Y la función sin el miembro?
-Tampoco sirve, o si no, prueba meterte el dedo once veces.
-Exacto. La naturaleza floreció en ese ser para que él, a su vez, repartiera el polen de su miel a tutiplen.
-Y dejó a otros en la más absoluta y ridícula miseria. ¡Qué mal! ¡Qué injusticia! Que él pueda hacer gozar a una docena y que a otros ni siquiera se les ponga la picha dura, firme o tiesa, como el monolito de granito que yo solicito a estos concejales.
-¿Y al revés? ¿Y la función sin el miembro?
-Tampoco sirve, o si no, prueba meterte el dedo once veces.
-Exacto. La naturaleza floreció en ese ser para que él, a su vez, repartiera el polen de su miel a tutiplen.
-Y dejó a otros en la más absoluta y ridícula miseria. ¡Qué mal! ¡Qué injusticia! Que él pueda hacer gozar a una docena y que a otros ni siquiera se les ponga la picha dura, firme o tiesa, como el monolito de granito que yo solicito a estos concejales.
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